Disfruto muchísimo ir al cine, si el ambiente es idóneo (porque sobran fuerzas capaces de quebrantar el equilibrio presentándose en formas de niños llorones, gente que gusta de enterarnos a todos de sus opiniones sobre la película y celulares que repiquetean con mas fuerza de la que uno cree posible), puedo olvidarme del lugar y adentrarme por completo en la historia, puedo llegar a sentirme alguno de los personajes, sentir su fuerza, su belleza, su drama y valentía, su crudeza o complejidad, su por qué, vaya.
A veces, salgo del cine con una extraña sensación en el estómago... como después de haber bajado de una montaña rusa, y es que, me entrego a la historia que se proyecta en la pantalla... no importa cual sea y subo, bajo, viajo y sueño con los personajes, con el que mas me identifique.
Otras veces me dejan lecciones de vida, un vigor renovado para pensar que si, que puedo hacer grandes cosas, y me convierto en una soñadora más en un mundo de cuadraturas que luchó por alcanzar sus metas y cambiar el mundo, o por lo menos su vida.
¡Ah! De verdad que en el cine me pierdo... luego salgo de la sala, tiro la bolsa de palomitas vacía y sigo mi camino, sonrío discretamente y lo guardo todo para mi.
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