Estaba plácidamente tendida en la cama, soñando, roncando incluso y seguramente hasta con un hilito de baba colgando de la comisura de mis labios, disfrutaba así en los brazos de morfeo cuando despertóme un ruido estruendoso y peculiar, intermitente. Sobresaltada me incorporé y me asomé a la ventana, no se veía nada, volví a la cama y nuevamente el ruido... carajo! de todos modos ya se me estaba haciendo tarde... el ruido se repitió varios días, haciéndome pasar por el mismo numerito, pues se oía siempre por la mañana y a veces por las tardes o las noches.
Poco a poco fui reconociendo el sonido hasta identificarlo como el graznido de un pajarraco.
Así que me avoqué a la tarea de descubrir donde se ocultaba ese maldito despertador animal.
Con sigilo, trepé a la barda trasera del patio de mi casa (que es particular) y entonces lo vi... uno de esos pájaros negros conocidos como zanates encerrado tras los barrotes de una jaulita chiquita chiquita que seguro alguna vez fue hogar de unos tristes periquitos australianos, que murieron a manos de una señora irresponsable que olvidaba darles de comer, pero aunque tristes por lo menos los periquitos tenían mas libertad de movimiento en tan reducido espacio... pobre zanate! tantos graznidos eran ahogados lamentos por su infortunio... seguramente en mala hora cayó en manos de un niño ocioso que capturólo aprovechando todo el tiempo de sobra que dan las vacaciones.
Me dio lástima el zanate, ahí encerrado, pobrecito...
Me miró con sus ojitos negros y graznó otra vez... ¡Maldito pajarraco! ¡Ojalá tuviera una pistola de balines!.
2 comentarios:
Espero consigas algo para librer el sufrimiento. (tuyo o de el)
Lo peor es que ahi sigue el maldito pajarraco, cuando escribo esto... yo tampoco entiendo como es que esos desquiciados pueden aguantarlo, digo, lo escuchan tanto como nosotros
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