jueves, julio 26, 2007

Chamba nueva

Dicen que lo más difícil de cambiar de un trabajo a otro es tomar la decisión de querer hacerlo porque para muchos es muy complicado abandonar la zona de confort en que vivimos y cortar con ese cordón umbilical. (uta, me can de la patada todos, pero por lo menos los conozco, es MI gente).
Cuando por fin te decides y llegas a la nueva chamba, te encuentras con una sensación curiosa, es como el primer día de clases, llegando a la escuela bien tempranito, con ese cosquilleo en la panza, con el uniforme bien planchadito y almidonado, la sonrisa nerviosa, preguntándote cómo serán tus nuevos compañeros, qué habrá por aprender este nuevo año, cómo será la maestra.
Si, si, un par de semanas después se acaba la ñoñez y la falda del uniforme está mucho más arriba de lo permitido, las calcetas lo más abajo que se puede, llegas 5 minutos después del tiempo de tolerancia y te valen tu maestra y tus compañeros.
En el trabajo nuevo es igual, vas conociendo (y adoptando) las costumbres de la gente, en qué momento es bueno pasarle pendientes al jefe y en qué momento es mejor hasta ignorarlo en el pasillo, sales con los amiguis a compartir lo único que tienen en común: fumar. Entablas entonces charlas que se repiten ad infinitum un día tras otro: -"Parece que hoy va a llover eh?",-" Si, ojalá no me agarre el agua porque vivo relejos", -"Y qué tal el calor en la tarde", -"Si, que clima tan loco, jiji".
Y comienzas a planear rutas y tiempos de tu casa al trabajo, empiezas a conocer todos los puestos comida que se encuentran a varias cuadras a la redonda (muero por probar esos tacos de canasta de la esquina que se ven deliciosos) y ya hasta platicas con el cuate del 7 eleven al que siempre llegas por el café de la mañana.
Pero lo mejor de todo es el entusiasmo, la emoción, esa cosquillita y hasta nervio, de no saber si realmente lo vas a hacer bien, aunque sabes que estás preparado para hacerlo. Esa sensación que se tiene cuando comienzas a familiarizarte con tu nueva oficina, con los archivos que manejarás, con la gente con la que lidiarás, con el equipo, cosas tan simples pueden variar tanto de un lugar a otro ("oye, este... ¿cómo saco una copia en esta cosa?") (no lo digo porque yo sea una negada para la tecnología).
La novedad va desapareciendo con el paso de los días, te acostumbras, encuentras una nueva zona de confort, supongo que el chiste es tratar de mantener el mismo entusiasmo todos los días, disfrutar de lo que haces, vaya.

1 comentario:

Fafahrd dijo...

Diablos, ora si que de esto no se que decir.... tengo 14 años en la misma empresa, no en la misma chamba, pero sí en la misma empresa. Creo que el cordón umbilical ya se curtió.
Lo cierto es que siempre hay zonas de confort, yo tengo la mía, pero con la enorme ventaja de que mi trabajo me gusta y divierte bastante... ¿O esos son los pensamientos que la empresa talló en mi mente luego del lavado de cerebro?