Ayer pasé por un lugar que hace algunos años recorría con frecuencia y entonces me empezaron a atacar los recuerdos en un golpe de nostalgia incontenible.
Hace unos años me tocaba ir por mi hermana menor a su escuela, ella iba en tercero o cuarto de primaria y yo era una desquehacerada, sin oficio ni beneficio y ps' me mandaban por ella para que hiciera algo productivo.
La esperaba unos minutos a la salida de la primaria donde estudié también yo en mis mocedades y nos íbamos platicando hasta llegar al camión, mi hermana se enojaba porque casi siempre me resistía a ayudarla con su mochila (¿y luego que por qué los niños se joroban, con semejante carga en sus espaldas y sus hermanas mayores que ya pasaron por eso no los ayudan?), y me platicaba como le había ido en el día, lo que había aprendido en clase y comentábamos de las maestras que a las dos nos dieron clase.
En la esquina donde esperábamos el camión había una panadería, siempre exhalando un delicioso aroma a pan recién horneado, al lado había una nevería y cuando me daban presupuesto demás, lo cual no ocurría muy seguido, nos tomábamos un helado con la promesa cómplice de no decirle a mamá porque no le gustaba que tomáramos el postre antes de la comida (Y menos que nos gastáramos su cambio).
El camión casi siempre iba atestado de otro montón de niños con sus mochilotas a cuestas y era difícil acomodarnos, pero cuando finalmente lo hacíamos, entones nos poníamos a jugar, imaginando que íbamos manejando una nave a toda velocidad o simplemente nos poníamos a comentar lo que veíamos por la ventana opaca y grafiteada.
También me acordé que muchas veces iba enojada, por tener que ir a recoger a esa escuincla enfadosa que ya hasta edad tenía para andar sola en el camión, tener que ir cuando el sol estaba mas fuerte que nunca y con el camión lleno y yo con flojera y me molestaba que me fuera platicando, preguntándome cosas, sonriente y esperando también una sonrisa de mi parte y yo prefería ir clavada en mi rollo, aparte.
Es curioso como a veces un detalle tan simple puede traer toda una revolución de emociones, pensamientos o recuerdos, agolpándose uno tras otro y dejándote sentir tantas cosas al mismo tiempo.
Ayer que volví a pasar por ahí, la panadería que nos inundaba con el aroma a pan recién horneado ya no existía, pero volví a percibir su olor y todo ese viaje de nostalgia me hizo sonreír, por ese rato que mi hermana y yo teníamos para nosotras solitas. Y, quizá no le di valor en ese momento, pero ahora me da gusto poder seguir acordándome de tantos detalles y poder seguir teniendo para mí esos días felices.
2 comentarios:
Muchos mas vendran...
Muchas más ya se fueron...
Me gusta el pan =)
Publicar un comentario