Finalmente lo mejor de estas fechas, es la comida, enormes comilonas dignas de orgías romanas, bebidas hasta el hartazgo y la deliciosa modorra que provoca comer demasiado. Siempre he sido partidaria de ese antiguo (y sabio) precepto que reza: “comer es humano, pero hartarse, es divino”.
Desde que empiezan a sentirse las vacaciones en el ambiente (aunque no haya tales) me empiezo a dar mas y mejores gustitos, “al cabo es como si fueran vacaciones para mi también”.
En Puebla, donde vive mi familia, siempre han preparado comida en cantidades que no corresponden al número de personas que la comerán, siendo la primera desproporcionadamente mayor. Esto nunca ha sido un impedimento para que la comida se termine.
Una vez consideramos la teoría de que en alguna vida pasada habíamos sido pobres y habíamos pasado hambre y penurias y por eso ahora todos comíamos tanto. También pudimos ser una opulenta familia victoriana de formas regordetas y felices. Claro que sería más fácil pensar que simplemente disfrutamos degustando cualquier delicia culinaria, sin discriminación ni culpa. ¿Gula? ¿Qué son gula?.
Los preparativos para la cena navideña comienzan desde semanas atrás, y un par de días antes empezamos a paladear las delicias que se servirán la nochebuena, con todo y una muy completa cátedra por parte del abuelo sobre los orígenes de cada platillo.
El preámbulo a la cena es una de las cosas que más disfruto, las tías, mamá y abuela corriendo de un lado a otro, buscando las cosas que faltan, comprando ingredientes de última hora, probando la comida, tomando el aperitivo con el abuelo, que sentado, espera que lo provean de una tablita para partir un fino queso holandés, todos comentando ora contentos ora histéricos y regañando gente su paso, poniendo a hacer cosas a quien se deje, luego criticando porque alguien picó mal las manzanas para la ensalada waldorff, buscando cita de última hora en el salón y enojándose con el que nomás llegó a comer olvidándose de las botellas para el brindis.
Y mientras tanto, entre el vaivén de gente y cosas por hacer está la mezcla de olores: la jugosa pierna envinada horneándose, desprendiendo un aroma dulzón y tentador, los romeros en su último hervor, convidando a un taco a escondidas, el aroma de las manzanas para la ensalada revolviéndose con las aceitunas para el bacalao, el jitomate friéndose junto con ajo y cebolla para el mismo platillo, el tequila que alguien se sirvió y no termina de beber.
Cierro los ojos y aspiro el aroma que inunda la cocina, a pesar de tantos olores juntos no es desagradable, es como una bocanada de recuerdos, de tantas navidades pasadas en esa casa, siempre la misma imagen, siempre todo tan igual, ahora son otros los niños que se persiguen alrededor de la cocina, son la siguiente tanda de nietos los que condimentan la reunión, así como antes fuimos nosotros, ahora somos los que llamamos al orden y a los que los niños no hacen caso.
Después de la comida, del postre y del café, y una apurada manita de gato, ya todos de malas y cansados pero con buen ánimo, comenzamos a poner la mesa, con el mantel navideño, que hace ya muchas navidades alguien pintó, sacamos la vajilla especial, los cubiertos de fiesta y disponemos las copas para la sidra.
Aunque ya nadie tiene hambre, todos comemos opíparamente y guardamos un espacio inexistente para un pastel selva negra y profiteroles que acompañamos con un calentito café, ya junto a la chimenea, sonrientes aunque con mucho sueño y disponiéndonos a abrir los regalos, recordando con nostalgia la magia que traía consigo asomarse a las cajas, siempre a las más grandes, para ver si era ese el que traía nuestro nombre.
La feliz ingesta desmedida de alimentos no termina ahí, pero ya me empaché nomás de repasar lo de un solo día, será mejor continuar después, cuando haya perdido un poquito del sobrepeso que orgullosamente gané, snif.
¡FELIZ AÑO 2008!
2 comentarios:
yo creo que gane dos kilos solamente, aunque he decirlo lo hixe en 5 dias y solo fue porque fui a pasar anho nuevo con mi companhera de depa.
Que si, hubiera perdido 2 kilos por no haber querido comer cena y nohaber salido en 4 dias a la calle...
Tsss los azares del destino.
Jaja... ah! pero cómo disfrutamos de esas comidas no?.
Ni modo, el azar del destino también quiso que fuéramos de las que disfrutan la comida. ;)
Publicar un comentario