miércoles, febrero 06, 2008

Odio a la gente

Pocas cosas soporto más que la ineptitud e imbecilidad de la gente, sin embargo, con frecuencia la vida me da la dicha de ponerme en situaciones de kafkianas proporciones para probar mi paciencia (prácticamente nula).
Pues bien, supondríase que internet es una herramienta por demás útil y práctica, pero no siempre es así. ¿De qué sirve tener una página en internet señalando horarios y salidas de tu línea de autobús, cuando “por no dejar” decides confirmar vía telefónica y descubres con horror que el horario que estás viendo en tu monitor ni siquiera existe? Una vez confirmada la correcta hora de salida, pregunto al operador por horarios para mi regreso, permítame, déjeme checar me dice. La llamada se corta. Intento nuevamente y me dicen que las 17. Bien. Quiero entonces comprar mis boletos; no se puede. No es posible hacerlo porque el autobús solo llega a Guadalajara de paso y, ni pinche idea de por qué, solo puede comprarse el boleto directamente en la central ¿Pero no hay problema? ¿Si hay lugares suficientes todavía? Pregunto con escepticismo y me aseguran apurados que sí. Cuelgan.
Al día siguiente tuve que levantarme a las seis de la medianoche y trastabillando corrí a enfundarme en lo primero que encontré a tientas en el clóset y todavía lagañosa y medio dormida salí rumbo a la central de autobuses.
¿A dónde viaja? Fue lo primero y único que me gruñó la mujer del mostrador. Con una ironía tan poderosa que solo puedo reconocer yo misma, sonreí y pedí con amabilidad la corrida de las 7:20 para Cd. Guzmán. La inmutable mujer contestó que no tenía, es más, que ni existía esa salida. Hablé anoche y me dijeron que tenían asientos suficientes, o sea que sí existe, ¿Puede revisar otra vez por favor? Pedí. Es de que no me aparece en el sistema y si no me aparece pos no existe.
Anoche no solo revisé su página, llamé por teléfono para confirmar, me aseguraron que sí hay una salida a esa hora. Supliqué.
Tronando la boca me hizo favor de revisar nuevamente. Ah si, ya la encontré, es que tenía que poner la clave, jiji. Haciendo acopio de un aún existente buen ánimo hice algún comentario cordial y extendí mi tarjeta. La señorita no sabe usar la Terminal, me pide que pague en el mostrador de al lado. Así que llego con la segunda señorita y le pido la salida de las 7:20 a Cd. Guzmán. No existe. Me dice.
¡La señorita de aquí junto me lo acaba de confirmar! Le contestó con evidente frustración. ¿Y por qué no se lo vendió ella? Me increpó. (Pues porque quería comparar el servicio de cada uno de los módulos) Porque la señorita no sabe usar la terminal, le respondí enfadada.
Me mira con desdén y llama a su compañera sht sht oyes ¿que si le puedo vender un boleto para Cd. Guzmán a las 7:20?Pero… ¿Qué se reservan el derecho de admisión? ¿Cómo que si me pueden vender un boleto? Lo que sucede es que el autobús llega únicamente de paso, como me dijeron por teléfono la noche anterior y el boleto se compra directamente en el autobús a su llegada, lo que no me dijeron por teléfono. Pero, ¿Todavía hay boletos? Me aseguran que sí ya molestas por no dejarlas de terminar su pan dulce con café. ¡Ah! Nomás que el camión no llega a este módulo, llega al 3, lo tiene que tomar allá. Volteo a ver el cartel que me me sonríe burlonamente: Módulo 7, dice con letras grandes y brillantes.
Corro a través del estacionamiento a grandes zancadas y llego resoplando al módulo 3 A Cd. Guzmán por favor, pido con mi último aliento. Ya no hay corridas me contesta la señorita. Sí, si tiene, vengo del módulo 7, me dijeron que de aquí salía, dije todavía con un paupérrimo viso de esperanza.
Ah si, pero es de que ya nos confirmaron que no va a llegar a Guadalajara, que es de que ya venía muy lleno. Me respondió sin empacho mientras revolvía en su bolsa en busca de su gansito marinela.
Maldita sea mi estampa. ¿Y’ ora?
Supongo que se dio cuenta de mi cara de desesperación y furia pues con enfado me comentó que en el módulo 1 y 2 tenían salidas más seguido.
Caminé al módulo 2, y ahí estaba, restregándome en la cara su regocijo por la victoria de verme volver a ella después de haberla despreciado, ¡Ah, cómo lo disfrutaba! Veía su sonrisa, tal como sonrió el rótulo del módulo 7, así se mostraba, radiante y feliz el cartel anunciando su nombre y el recuerdo de la noche anterior vino a mí junto con una punzada en el estómago.
Fue la primera página que abrí, había horarios más convenientes, pero los autobuses hacían dos horas y media más que cualquier otro autobús. Me pareció extraño y al llamar a preguntar cuántas horas de recorrido eran me contestaron que “como 3 horas”. Supuse que hacía paradas en varios lugares y que por eso tardaba tanto y como no estaba para desperdiciar el tiempo busqué en otra línea de autobús.
Ahora me encontraba frente al mostrador y pregunté ya sin enojo, ni frustración, sino con miedo y timidez.
2 horas me contestó una muy sonriente señorita, ajena a todo lo que acababa de pasar.
Hecha a la idea de que iba a esperar más de dos horas, tratando de beberme un imbebible café, me senté a (llorar) esperar en la más dura banca del feliz modulo 2, mientras pienso en lo que sucede por subestimar el poder de la estupidez humana.

2 comentarios:

Zuthiel dijo...

Y es por eso que tomo el camion frente a la estacion de bomberos en la salida de Guadalajara.

No se porque siempre tienen lugar y lo compras al subirte al camión.

Monike dijo...

Claro!! Esa siempre es una excelente solución... excepto cuando viajas pa'l otro lado, snif.