lunes, junio 16, 2008

Qué bonito es ver llover y no mojarse...

El cielo tenía un azul intenso, ninguna nube se asomaba en el horizonte, los pajarillos trinaban alegremente y aunque hacía un poco de viento el sol quemaba igual. Ante tal panorama, ¿qué se me ocurrió hacer? Pues quitarle el toldo a mi coche por supuesto.
Y entonces, ya bien arregladita para la fiesta, con el pelo planchadísimo, vestidito y tacones, salí presurosa en mi coche y decidí tomar el periférico porque es más rápido.
Primer error: en cuanto me metí al periférico y empecé a subir la velocidad, mi pelo planchadísimo se convirtió en una maraña llena de estática y nudos con vida propia que se empeñaba en anudarse más encima de mi cara y picarme los ojos de paso, yo manoteaba torpemente para intentar aplacarlo mientras lamentaba mi segundo error: no haberme puesto los lentes, claro, como el aire me pegaba de lleno en la cara, y el pelo me picaba los ojos, ps me empezaron a llorar, así que con el maquillaje corrido, los ojos llorosos y el pelo enredado me esforzaba al máximo para intentar controlar el vehículo, mientras esquivaba a los demás vehículos, o viceversa, no se.
Pero luego se añadió un nivel de dificultad más a mi nuevo deporte extremo urbano, una camioneta llena de pinchisnacos tuvo la fortuna de pararse a mi lado en un alto y a partir de ese momento y hasta más o menos cinco semáforos después no pude librarme de ellos; aunque yo aceleraba, ellos me alcanzaban y me proferían gritos y guarradas de tal magnitud que ninguna mujer que se precie de serlo tomaría nunca por piropos. (nota: el nivel de dificultad aumenta según el número de pinchisnacos a bordo de la camioneta) (pensaré en algún bonus especial si se consigue sacarlos del camino haciendo que su vehículo se prenda en llamas o algo así)
Todavía no se cómo, pero conseguí llegar a mi destino, solo para darme cuenta de que el viento empezaba a soplar sospechosamente fuerte y el sol no brillaba más en lo alto. Unos nubarrones grises, amenazadores, socarrones y sobre todo, cargados de agua, comenzaron a avanzar vertiginosamente hacia nosotros. Así que me metí nuevamente en el coche, que como recordaremos estaba sin toldo (y como acotación, por si surgía la pregunta de por qué no lo puse en ese momento, hubo un comentario del tipo: bah, ni va a llover hoy, mejor dejo el toldo en la casa de la fiesta para que no estorbe) y emprendí así la graciosa huida, con las nubes ya encima de mi, los relámpagos caían tan cerca que de repente uno de ellos partió un árbol al otro lado de la calle, lanzando los restos sobre mi, torbellinos gigantescos alzábanse detrás mío, el agua todavía no nos alcanzaba, pero la ventisca amenazaba con voltear mi cochecito y… y… está bien, exagero un poco, pero juro que un torbellino sí se formó a lo lejos.
Cuando íba a medio camino tuve a bien hacer un movimiento brusco y conseguí tronar el tirante de mi vestidito, así que el resto del camino me fui manejando con una mano en el volante y otra deteniéndome el vestido, porque recordemos, seguía sin toldo, y cada vez que me paraba la gente podía ver hasta los pedales del auto, ya no digamos mi brassiere que aunque perfectamente combinado, no era para andar presumiendo a todo el mundo.
Llegamos por fin a la casa de la fiesta, y con los truenos y las nubes encima, entre R y yo intentamos poner desesperadamente el toldo, dado que era la primera vez que lo poníamos, nos enfrascamos en una interminable discusión sobre qué parte se ponía primero y cómo. Yo forcejeaba con los cierres de las ventanitas con una sola mano pues el pudor me impedía soltar el tirante roto, pero 15 minutos después, con los truenos anunciando la inminente llegada de la tromba y la luz que prácticamente se había ido, me obligaron a dejar mis pudores para momentos más oportunos. 45 minutos y un lapsus de histeria después conseguimos poner el toldo completo. Me fui a cambiar de ropa y cuando no habían pasado más de tres minutos tres comenzaron a caer las primeras y gruesas gotas de una tormenta que duraría toda la noche (y que luego nos enteraríamos que provocó un intenso caos vial por toda la ciudad y el cierre, al parecer durante 3 meses, de un tunel vehícular que se suponía, según dijeron en su inauaguración el año pasado, después de las lluvias of course, haría el tránsito mucho más fluido)
Todavía no me estoy segura de si sentirme afortunada porque la tormenta me esperó toda la tarde para dejarse venir con todo o si sentirme profundamente miserable por todo lo todo que tuve que pasar en un solo sábado. Snif.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Jajajaja!! no manches!!

De verdad ke es un misterio para mi como te pueden pasar tantas cosas.

MI vida es bastante aburrida en ese tipo de experiencias, aunke no envídiaría la tuya. Yo si me pondría histerico y empezaría a romper cosas.

chofis dijo...

y precisamente para eso es la pañoleta y los lentes enormes ale, mantienen tu peinado y tus ojos sin ser atakados x el aire, no son solo x ser fashion ^____^

Zuthiel dijo...

...
la frase: "ir a trackear juntas"... esta adquiriendo un nuevo significado para mi.