miércoles, noviembre 12, 2008

Cartas

De mi tía Verónica aprendí, entre muchas otras cosas, el delicioso placer de la lectura y el buen hábito de escribir cartas. Sí, de esas que se hacían en papel y se metían en sobres y se enviaban previo timbre postal.
Cuando estaba chica solía escribir muchas cartas, sobre todo a ella, en realidad no conocía mucha gente con la cual cartearme, así que le escribía también a mi prima y años después a un excelente amigo que hice en la ciudad de México.
Mis cartas eran tan emocionantes como lo puede ser la vida de una adolescente en ciernes que no conoce más mundo que su casa y la escuela.
Escogía cuidadosamente el papel, siempre tenía alguno con dibujitos o marcos o si usaba una hoja de cuaderno pasaba horas adornándola usando plumas de diferentes colores, a veces hasta de las que tenían olorcito. Sí, terriblemente cursi.
La carta normalmente pasaba semanas en mi mochila antes de mandarla porque tenía que conseguir que mi mamá me llevará a la oficina postal a comprar timbres que pegaba cuidadosamente y siempre bien alineados.
Pero lo que realmente disfrutaba era la espera de la carta en respuesta, todos los días regresaba de la escuela y lo primero que hacía era correr al buzón esperando encontrar algo para mí. Todos los días había un sobre o dos, casi siempre cuentas que hacían fruncir el ceño a mi papá, cada 3 o 4 semanas yo recibía mi carta.
Entonces subía corriendo a mi cuarto, tomaba el abrecartas y pasaba un buen rato leyendo y releyendo lo que me habían escrito.
Pero con el tiempo las cartas que escribía eran cada vez más esporádicas hasta que finalmente dejé de enviarlas. Sólo mi tía sigue enviando puntualmente alguna postal cada vez que visita cualquier lugar nuevo. Cada vez me prometo que esta vez sí escribiré de nuevo.
No se por qué no lo he hecho, quizá siento que no tengo nada interesante qué contarle o quizá es sólo un pretexto.
A veces llego a casa después de un pésimo día y me encuentro la postal ahí, tirada en la cochera y todo lo demás se me olvida, pues me emociono otra vez como cuando era chica.

1 comentario:

Anónimo dijo...

A mi me gustan las cartas, y me gustan porke son muy cursis.

Yo me carteaba con una noviecita ke tenía de pekeño ke era de Chiapas.

Y si era sumamente emocionante el estar esperando a ke llegara la carta... y recibirla.... y todavía más si traía fotos "adjuntas".