Dijiste sin detenerte al pasar junto a las televisiones del aparador del Sears, mientras yo me quedé como plantada mirando fijamente las pantallas de diferentes tamaños.
Chin, qué mala onda dijiste mecánicamente, sin ninguna expresión y seguiste caminando.
Me sorprendió tu indiferencia.
Las imágenes seguían una tras otra, ocho muertos, quizá mas, cuarenta heridos, es difícil decir. La toma cerrada a un pedazo aforme de carne sobre el vidrio de un auto despedazado.
Y no es que Camilo me cayera mal o bien, sino lo que su muerte representa. Ya para ese momento se escuchaban muchos rumores, especulaciones. Incertidumbre.
Mi cara seguía teniendo un brillo anaranjado por el reflejo de las llamas que inundaban las diversas pantallas. Ven, regrésate – te llamé- ¿Sabes lo que esto significa?
Te encogiste de hombros con la misma actitud y volteaste la mirada, buscando las maquinitas. ¿Ya nos vamos? Sí, vámonos, contesté más preocupada por tu falta de reacción que por lo que acababa de pasar en la ciudad de México.
Me quedé observándote por unos instantes mientras seguíamos andando ¿De veras no tenía idea? ¿No debería importarle? ¿Estoy yo exagerando? Fue en ese momento en que me di cuenta de cómo nos estamos perdiendo a nosotros mismos. Como cada vez estamos más acostumbrados a todo, y ya nada nos sorprende, nada nos mueve ni nos hace reaccionar. De repente me dio la impresión de ir vagando por el mundo, existiendo apenas, sin de veras vivir ¿En qué momento nos volvimos insensibles al mundo? ¿En qué momento dejó de importarnos?
Hemos perdido ¿irremediablemente? La capacidad de asombro; dejamos no solo de horrorizarnos por las cosas malas que pasan, sino de maravillarnos también por las buenas que suceden. ¿Cómo recuperar esa capacidad, si nosotros mismos, los adultos, obligamos a los niños a perderla? Es nuestra propia indiferencia la que lo ha provocado, al machacar las ilusiones infantiles, los sueños, las preguntas, la magia.
Pobre niños: los arrojamos al mundo sin enseñarles una primicia básica: Aprender a apreciar todo lo que les rodea, bueno y malo.
Anoche apenas pude dormir, me quedé pensando en lo que hubiera pasado si hubieras mostrado interés, preocupación, consternación o angustia. Seguro te hubiera dicho algo como: Vamos, no pasa nada, no es importante y entonces hubiera sido yo la que sin inmutarse seguiría caminando.
4 comentarios:
Malisima onda los que no se dan cuenta de lo mala onda que esta esto.
Saludos, amiga.
Coincido en tu conclusión.
A mí me duele que esto pase porque siento que como nación y como raza estamos perdidos... que nuestra naturaleza es esa: violenta y ambiciosa. Pero a veces veo destellos de luz y concluyo que el único refugio que tenemos está en los sueños, la lectura, el sentido común, la educación, el amor, la paz interior y la conciencia tranquila. Creo que ahí puede radicar la solución para erradicar los males que aquejan el mundo.
Saludos, Ale.
que mala onda... chin que mala onda..
eso mismo pense yo, y cuando veia las noticias por cnn de las elecciones de usa, pense tambien en no solo Mouriño si no en tambien las decenas de familias que enlutaron y tuvieron que enterrar a sus muertos en urnas de cenizas porque de ellos quedo muy poco.
Y hemos perdido la capacidad de asombro, eso que ni que, diariamente nos encontramos con noticias que antes eran "noticia" por meses, como ejecutados sin cabeza o cosas que realmente suceden y que ya las vamos viendo con indiferencia.
saludos
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