sábado, enero 10, 2009

De casualidades

Lo que son las casualidades. En la mañana, no se por qué, me acordaba de mi maestra de 4° de primaria. La maestra Mónica no se distinguía por sus dotes pedagógicas, pero sí en cambio, conseguía siempre nuestra atención al contarnos relatos escalofriantes y morbosos que seguramente nuestros padres hubieran censurado.
Todos en el salón la apreciábamos porque nos trataba con respeto y sonreía todo el tiempo.
Pero lo que recordaba de ella era un suceso específico harto bochornoso para mi y que parece no he superado.
Regresando de las vacaciones navideñas un compañero le llevó de regalo a la maesetra una taza muy mona y elegante. No quería quedarme atrás pues yo también apreciaba a la maestra y también quería hacerle un regalo, así que llegando a casa cogí una taza que encontré en el trinchador y me empeñé en llevársela de regalo a la maestra.
Como paréntesis he de decir que no sé si fue porque era una maestra bonachona o el hecho de que elegía a los supuestos mejores de la clase, pero era un honor y un verdadero premio ir a lavar la taza de café de la maestra, servirle agua caliente y echarle unas dos cuchacharitas de nescafé ya revuelto con azúcar (qué asco) para llevarla presurosos hasta su escritorio. ¿Será algo exclusivo de las escuelas de gobierno? Mucho me temo que sí.
Pues bien, al día siguiente llegué encantada con la taza nueva para la maestra y en cuanto tuve oportunidad se la entregué. En cuanto mis compañeros se dieron cuenta de lo que estaba haciendo estallaron en risas mientras la maestra me agradecía tratando de acallar los ánimos socarrones de los alumnos. Y es que, bueno, ¿a quién se le ocurre regalar una taza promocional de marca La Costeña? El ánimo me quedó apachurrado durante todo el día, recriminándome por lo estúpido de mi regalo (de verdad no pensé que fuera un mal regalo, pensaba sólo en la intención del mismo) Pero me sentí mejor cuando al día siguiente y hasta el fin del año escolar mi maestra sólo utilizó la taza que yo le había regalado.
El caso es que recordaba todo eso en la mañana y justo en este momento llegó la maestra Mónica a sentarse a la mesa que está junto a mi. A su lado se sienta la maestra Adriana, su hermana y el terror de la primaria. No se si acercarme a saludar, la maestra Mónica volteó unos segundos a mi mesa pero no me reconoció, la última vez que me vió tendría yo unos 10 años; ella por otro lado no ha cambiado nada. Me divierto con la casualidad y mejor me pongo a escribir esto.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Para mi es de lo mejor acordarse de cosas de la infancia, y yo creo que no se hubiera acordado de ti pero si de la taza jeje, un saludo.

Ñets dijo...

Jajajajaja!!!
Yo recuerdo que un adulto a mi alrededor, no se quien, tomaba esa mezcla de nescafe con azucar, jajaja, puedo hasta oler otra vez esas cucharadas.

Eres la mejor narradora y descriptora en temas de comida que leo.

Saludos.

Anónimo dijo...

la hubieras saludado.. te aseguro que si le recordabas el detalle de la taza se hubiera acordado de ti.
saludos.

Monike dijo...

gerar_mx: ¡Ay, mi taza de la costeña! Snif.
Mr. Nets: ¿Será porque me gusta mucho la comida? Ja! Gracias!
Konchudo: Jaja! Sí, creo que esa taza quedó en la memoria de muchos durante un buen rato.

Muchos saludos!