¡Ah, vacaciones! Sol abrasante, cielo azul, faldas, calor que invita a tomarse una chela o dos o tres, días de playa o de pueblos o de paseos.¡Delicioso!
Muchos se han ido ya, dejando una ciudad limpia, oxigenada, tranquila. Me gusta la ciudad así, cuando puedo manejar disfrutando realmente el camino, cuando puedo salir a caminar por las tardes sin mayor preocupación que encontrar algún parque para sentarme a leer. Ojalá así estuviera siempre.
A veces me imagino montando algún tipo de barricada para evitar que todos los paseantes puedan volver alguna vez. ¿A qué mercadólogo se le ocurrió semejante idea?: Come hartos mariscos y descansa de tu trabajo.
En fin, decía, casi todos están paseando fuera de la ciudad o paseando dentro de ella, pero liberados del trabajo y con ánimo festivo
¿Y dónde me encuentro yo mientras toda esa diversión sucede a mi alrededor? Enclavada a una cama. Sí señor, esta gripa marca diablo tenía que pegarme justo hoy manteniéndome en cama durante buena parte del día.
En la mañana, al primer síntoma, corrí a una farmacia de similares y pregunté por el doctor: ¿Dónde está el doctor? Es de que no va a venir estos días señorita 'ora hasta el lunes.
Lanzando maldiciones corrí a la farmacia más próxima y ahí tuve un poco de mejor suerte, así que pasé con la doctora y supliqué: ¡Inyécteme algo por favor! La recién desempacada de la facultad y bastante primeriza doctora me observó con cara de miedo pensando que sería yo alguna heroinómana fuera de sus casillas, así que sólo después de explicarle detalladamente todos mis síntomas conseguí que me inyectara.
Fui al trabajo (que no a trabajar) y me hice la pinta temprano para venir a enclaustrarme a casa de mi papá donde estoy cuidando a su perro mientras él hace las delicias en Cuernavaca. Maldita sea mi vida. A pesar de mi malestar intenté ser responsable y saqué al perro a pasear. O mas bien él me sacó a mi. En mi defensa alego que estoy débil por la enfermedad y que los schnauzer miniatura tienen más fuerza de la que parecen.
Lo demás ha sido, cama, mucha agua, baño, más cama, horas y horas en internet, (intenté ver televisión, pero nunca descubrí como prender el maldito aparato del cable... todo era tan sencillo cuándo los controles sólo decían Power, Channel y volumen) Más agua, más internet... más baño.
Volviendo a las inyecciones, el problema con ellas es que a una primera inyección suelen seguir otras dos, así que mañana, tendré que dar un tour por las farmacias de la ciudad hasta encontrar un médico-practicante-primerizo-cara-de-asustado que no haya tenido oportunidad de escaparse de los sagrados deberes que juró cumplir en nombre de Hipócrates.
Mañana, escuchen bien, o lean pues, no pienso seguir muriendo más y no sólo eso, sino que iré a pasear, ja! Toma eso, maldito virus.
(Nota importante: Por favor, en caso de que el virus oponga resistencia, si nadie sabe de mi el lunes, manden a un policía para recoger los huesos que el perro habrá dejado de mí después de no comer en tres días)
.
2 comentarios:
JAJAJAJAJAJA!!!! asi es la vida querida....
En este espejo me reflejo. Yo también ando madreado en plenas vacaciones por razones que ya sabes.
No es mala la idea ésa de montar una barricada.
De enfermo a enferma, te mando un abrazo sin precaución de contagio.
Ñ
Publicar un comentario