lunes, mayo 18, 2009

Diez años después

La primera vez que vine a Canadá fue hace casi diez años, yo estaba por cumplir 18 y recién terminaba la preparatoria, no había decidido todavía qué quería estudiar, así que para que no estuviera perdiendo el tiempo a mis padres les pareció buena idea enviarme una temporada con mi tía que en ese entonces vivía en Toronto.
Llegué con mucha aprehensión, aunque sabía que pasaría solo tres meses fuera de casa, me despedí de mis amigos como si no fuera a volver a verlos, cargué con mi música favorita y una bolsa de paletas vero de mango con chile.
Me apena reconocerlo pero no puedo decir que fue una experiencia enriquecedora: yo era una adolescente volcada en sí misma que poco hablaba y compartía, me daba miedo salir a la calle sola a conocer la ciudad y prefería pasar la tarde sentada en la banca de un parque mirando las ardillas que aprender y aprehender del lugar en que me encontraba.
Asistí durante algunas semanas a una escuela de inglés para refugiados, así podía estudiar gratis y conocer otras culturas, pero era tan retraída y me apenaba tanto mi ingles mal masticado que no hice ninguna amistad.
Creo que todo en la vida es cíclico, ahora, diez años después me encuentro nuevamente en Canadá y aunque las circunstancias no son las mismas sí se asemejan sobre todo en un punto: nuevamente no sé qué rumbo seguir exactamente una vez que se cerró una etapa más.
Sin embargo, hay un cambio muy significativo de ayer a hoy: ésta vez no vine por un tiempo claramente definido y aun así o quizá por lo mismo me siento emocionada, segura de mí y con confianza, no me da miedo salir sola y conocer y perderme y tener que preguntar direcciones y conocer gente nueva y andar por todos lados y entonces sí, hacer de este viaje la más enriquecedora de las experiencias.
En esta ocasión apliqué el principio de las maletas vacías: es este un nuevo comienzo y como tal, hay que empezarlo de cero, no dije muchos adioses, no traje mas que lo indispensable de ropa, no traje discos ni recuerdos ni comida, no he mirado atrás y no me hace falta hacerlo. No necesito hacerlo. Ahora todo es ver hacia adelante, y, sin un plan definido le sonrío con ganas a lo que viene. Sea lo que sea estoy segura que será bueno.

3 comentarios:

Unknown dijo...

Yo tenia una pregunta, pero me he sentido ofendido (a lo mejor por los alcoholes en mi sangre) y no diré nada...

Rodrigo Pujol dijo...

::::::: Me encanta tu actitud "no tengo nada que perder" disfruta, vive, sueña y dejate sorprender por la vida. un abrazo

mouse dijo...

Sal a correr!!! El pasado es lento y no te alcanza cuando corres :P