Y así, sentada viendo cómo se estampan las finas gotitas de lluvia sobre las ventanas pensé sobre la seguridad que siempre me han dado los días así porque evitan que salga de la comodidad de mis libros y mis cuatro paredes y aun mejor, que interactúe con los demás. Será por eso que prefiero los días nublados a los llenos de sol.
Siempre he sido muy tímida, prefiero pasar desapercibida y trato de ser lo más discreta posible para no llamar la atención. (Mezclado eso con cierta inseguridad, miedo al rechazo, qué se yo, no soy psicóloga como para anali... no esperen... ¡Si soy!) En fin, me cuesta mucho trabajo entablar conversaciones con desconocidos, si no lo hace la otra persona primero, lo más probable es que yo no lo haga.
Es muy frustrante por supuesto, porque me pasa con todo, incluso con cosas increíblemente simples y estúpidas como estar en la calle y ver a una chava que trae una bolsa chida y por dentro estar pensando "ya, me animo, yo voy y le pregunto dónde la compró, bueno, mejor no, ni es tan importante, bueno, pero a ti te interesa saber, va, voy y le pregunto y listo, total, pero qué verguenza, porque ni la conoces" mientras la chava, completamente ignorante de mi angustioso diálogo conmigo misma ya ha tomado el autobús y perdídose entre las calles de la ciudad.
Si así me pasaba con alguien que me era completamente intramuscular, imagínense lo torpe que podía llegar a ser con un prospecto de ligue, snif.
He mejorado mucho, sin embargo, si tengo que hablar con alguien a quien no conozco lo hago, aunque por dentro me haya estado debatiendo en el mismo diálogo de si-mejor-no durante un rato.
Hace unos días salí a caminar y me metí a un cafecito que resultó ser de unas paisas, me di cuenta por los jarrones de talavera y el tipo que tenía la encargada-dueña (no el tipo al lado suyo, sino el tipo de cara). Pensé que a lo mejor ella podría ayudarme a conseguir algún trabajillo por debajo del agua (sssssh!!) mientras estoy de visita aquí. Y dos cafés americanos, 50 páginas de un libro y mil diálogos internos después, por fin, me animé a presentarme y entablar una conversación.
No conseguí nada concreto, pero se abrió una posibilidad de trabajo, además de que conocí a una persona por demás agradable y simpática. Lo mejor, sin embargo, fue congratularme con mi avance en lo que a interacción social se refiere. Evidentemente me falta mucho todavía para quitarme por completo el rebozo, pero por lo menos ya asomo la cabeza un poquito.
Rideau River
(Pinche guero se atravesó en mi foto)
2 comentarios:
Si el problema no es asomar la cabeza arriba del reboso, sino que este te estorbe para platicar!!!
::::::: Amiga usted no se muerda la trenza, solo imagina que estas actuando y animate, ademas allá quien chingaos te conoce. :)
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