Ya que me acordé de las tortas ahogadas, pues déjenme de una vez les platico de ellas. Conozco gente que no siendo de Guadalajara, encuentra no solo rara sino hasta repugnante la idea de un pan remojado en salsa. Claro, pensado así no suena nada antojable, pero las tortas ahogadas son mucho más que eso.
Hay domingos (o uno que otro sábado también)en que uno se levanta a tientas con los ojos pegoteados de lagañas, la lengua de fuera, sedienta, las comisuras de los labios con restos de saliva seca, el pelo alborotado y apestoso a cigarro y la cabeza latiendo intermitentemente al ritmo del último bit de la noche al mismo tiempo que se tiene la sensación de que un taladro la perfora poco a poco.
Te pones lo primero que encuentras a mano y como puedes sales a la calle no sin antes colocarte bien los lentes oscuros.
Lo primero que pido es una michelada de cerveza Victoria con clamato. ¡Aaaah! ¡Es tan refrescante! Tiene mucho hielo, sal, limón, chile y hasta un chamoy, justo lo que necesito.
La torta siempre la pido de puras carnitas, porque me gusta la carne de puerco bien limpiecita y suavecita, pero también hay de buche, de lengua, combinada o hasta de pollo o camarón.
El pan es un birote salado, doradito y crujientito, tiene que ser birote forzosamente porque es más duro y aguanta más tiempo sin deshacerse cuando se le pone la salsa encima. Partido por el medio lleva una cucharada o embarrada de frijoles aguados, luego el tortero pone la ración exacta de carnitas de cerdo con una pericia incuestionable, después de preguntar si la quiero bien ahogada, mete la torta con un par de tenazas a una olla llena de salsa picante, hecha de chile de árbol (Dicen que la salsa picante en algunos lugares es adulterada y le ponen ciertos tipos de ácidos para hacerla realmente picante, una salsa de a de veras no deja una sensación de ardor en la lengua y en la boca del estómago, pero sí tiene que ser muy muy picosa), por último la baña con un cucharón de salsa de jitomate y me entrega la torta en una canastita forrada con una bolsita de plástico para que la termine de preparar en la barra de complementos.
Ahí le pongo un montón de cebolla desflemada, un poco más de salsa de jitomate y le exprimo un limón completo.
Como siempre terminaba embarrada de salsa y restos de pan hasta los codos y con una montaña de servilletas sucias a un lado, decidí ya hace mucho tiempo usar una cuchara para comer la torta sin problema, esa no es la manera correcta de hacerlo pero no tengo remedio.
Después del segundo bocado y entre trago y trago a la michelada el dolor de cabeza desaparece de volada y mi cara antes cenicienta empieza a tomar colorcito ¡Adiós sed! Me la paso resoplando y sonándome la nariz por la enchilada que me pongo, pero no puedo dejar de comer. Las carnitas se salen del birote y ni modo, voy a tener que pedir un taco dorado de requesón para no desperdiciar esa carnita.
Dos amargas lágrimas escurren por mis mejillas mientras escribo esto pues a mi lado se encuentra el único remedio canadiense contra la resaca que es, efectivamente, un vaso de agua con dos aspirinas, snif.
¿Conocen el origen de las tortas ahogadas? ¿No? Bueno, ahí pa' la otra, junto con la guía de las mejores tortas de Guadalajara.
4 comentarios:
::::::: Justo hoy despues de una laaarga noche, he desayunado (a las 3 de la tarde) una rica torta. y ahorita me prepararé mi michelada.xD
Unas cosas por otras...
Esas tortas ke describes y en las cuales tomaste la fotografía ke acompaña tu blog son unas de mis favoritas de la vida.
La 3ra... o como se llama?
Se me antojó mucho una tortita...
Rodigo: ¡Qué envidia! Luego te empacas otra a mi salud, y la michelada también, jaja.
Alograg: I know, I know ;)
mouse: La 3ra efectivamente, son buenérrimas.
Saludos!!!
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