viernes, julio 03, 2009

El paseo

A pesar de que siempre he considerado el ejercicio nocivo para la salud por el engarrotamiento de músculos, el ser propenso a todo tipo de lesiones y la bofeada que representa, he salido todos los días a pasear en bicicleta.
Y lo he disfrutado mucho.
El primer día por supuesto, pasados cinco minutos me sentía morir, las piernas me temblaban y la garganta me ardía por el esfuerzo. Sí, patético, pero conforme fueron pasando los días, algo de condición fui tomando y desde entonces a todos lados salgo en la bicicleta.
No deja de asombrarme cómo está planeada la ciudad pensando en los peatones y los ciclistas, cada calle principal tiene una vía para bicicletas y cada automovilista la respeta. Las calles pequeñas no tienen esa zona delimitada, pero todos los conductores siempre ceden el paso.
Tenía una mezcla de ataque de risa y profunda tristeza al recordar que en México antes que cederte el paso te avientan el auto para que ni se te ocurra atravesarte. Cuestión de cultura, educación y mentalidad.
El verano apenas comienza, los días ya son todos soleados y cálidos, cada vez hay más gente en las calles que sale a pasear en minishorts y camisetas; lejos quedaron los días grises de llovizna y ventarrones.
Ottawa es una ciudad que parece estar en medio de un bosque, los edificios altos se asoman de entre los árboles, hay un lago donde en verano se organizan regatas y hay diversas actividades, los lugareños están en sus botecitos de pesca y también puedes rentar kayaks. En uno de los muelles hay un bar con una terraza con vista al lago donde puedes quedarte por horas admirando el paisaje mientras intentas disfrutar una horrorosa cerveza de manufactura canadiense.
Alrededor del lago hay un parque con una vía para bicicletas, cuando me canso de pedalear y siento que ya he hecho más esfuerzo del que mis enclenques piernecillas pueden resistir, me siento un largo rato en alguna de las bancas mientras veo a la gente de verdad deportista pasar en sus bicicletas y patines; parejas, grupos de amigos, familias que pasean con sus hijos pequeños y perros, incluso gente con ropa de oficina y tenis.
Hay un canal y un río también y cada uno cuenta con su propio camino para bicicletas, tienen árboles de cada lado y parques pequeños que aparecen de repente, es verano y la gente se tumba a tomar el sol mientras come algún bocadillo y los niños juegan a la pelota. Es delicioso dar un paseo tranquilo rodeada de arboles, escuchando el agua que corre por el río, el sol tibio bañándome. Después de un rato, escojo una zona descampada, con vista al canal y árboles a lo lejos, dejo mi bicicleta y saco mi bagel de jamón y queso y perdiéndome en el paisaje me relajo casi demás. Estoy a punto de quedarme dormida.
El canal desemboca en el río y hay partes donde diversas esclusas se abren para que puedan pasar los barcos. Siendo también temporada de graduaciones, hay barcos y ferries que llevan enormes grupos de ya-no-estudiantes gritando y saludando a todos los que estamos en tierra.
En uno de estos paseos pasé frente a un centro de convenciones donde se llevaba a cabo una graduación, montones de gueros entogados sonreían y se tomaban fotos por todos lados mientras los padres orgullosos no los perdían de vista con el lente de la cámara. Por la noche pasaron varias limosinas por la calle, me dio risa pensar en esos mismos estudiantes de la mañana que ahora iban por la borrachera de sus vidas.
El verano recién comienza en Ottawa, pero a mi ya no me queda más tiempo en esta ciudad.

2 comentarios:

Ñets dijo...

Alita: No te muevas de ahi!!!!

O si tienes/quieres que regresar?

Anónimo dijo...

Solo lo siento por tus paseos en bicicleta, aqui en México se considera un deporte extremo, porque de otra forma me da gusto que regreses a México. Despues de todo que le puedes pedir a Canada. Calles limpias, Universidad gratis, Muffins ( No me acuerdo de que muffin en particular te gustan.). Pensandolo bien, Porque no te quedas alla.

Saludos: Jorge Herrera.