Ahí iba yo en mi carrito acompañada de una amiga, buscando clientes desesperadamente para vender las trenzas, unas rellenas de queso, jamón y champiñones y las otras de nuez y queso filadelfia (el porqué las estaba rematando merece post aparte), manejando audazmente por las calles, cuando encontrándonos en una colonia tranquila y poco transitada, confundíme de calle y resultóme sencillo meterme por una calle en sentido contrario, ¡Total! ¿Cuándo en la vida va a pasar un tránsito por aquí?.... ¡Oh, maldito Murphy, es tan sencillo invocarte!.... justo cuando daba la vuelta, pasó la patrulla y tras el breve pitar de su sirena, nos alcanzó...
Así que nos detuvimos y pusimos la sonrisa mas mona que pudimos, hacienda gala de la gracia que hasta entonces teníamos escondida... huelga decir que yo no traía licencia de manejo, tarjeta de circulación, placas actualizadas, seguro y quizá hasta una calavera fundida tenía el méndigo coche.
El bigotudo y barrigón policía acercóse (no es cliché, de verdad así era) y tras el gesto de voracidad de un depredador tras su presa, que se parece a una sonrisa cínica, escupió la consabida frase introductoria (con aún más cínico tono de amabilidad): "híjole señorita, dio vuelta en sentido contrario.... ¿me muestra su licencia, si es tan amable?.
- Ay poli, es que no conozco estas calles, me confundí...
- Ps si señorita, pero igual cometió una infracción.
- Si poli, si se, pero es que no conozco estas calles y ni siquiera llegué a media cuadra, justo iba a dar vuelta para regresar y...
- Muéstreme su licencia por favor.
- Es que, ¿Qué cree? Salí corriendo de mi casa y olvidé mi cartera...
- Uy señorita... a ver, su tarjeta de circulación
- Es que... ¿Qué cree?... apenas tramité la renovación y no me ha llegado la nueva.
- Ay señorita, es que esto amerita corralón... además parece que trae un faro fundido
- ¿Qué?
Cabe mencionar que como nunca antes me había detenido un tránsito en mi vida y además soy una pinchi ignorante de las leyes de tránsito y de lo que pueden y no pueden hacer los méndigos policías, yo me empecé a alterar (a frikear pues), y como mi amiga estaba en las mismas que yo, decidimos apelar al último recurso: Poner la cara mas boba y la sonrisa más coqueta que pudimos.
No funcionó.
- No, señorita, es que sin tarjeta ni licencia, nos tenemos que llevar el carro al corralón... y ahí se va a quedar unos tres días, mínimo, porque como ya es viernes, ora será hasta el lunes y eso más la multa...
Ahí fue cuando mi amiga y yo decidimos que todavía quedaba un ultimísimo recurso: Soltar unas lagrimitas.
- ¡No, por favor, mi mamá me va a matar, snif!
El corazón bondadoso del policía era inexistsente, y su sed implacable de justicia podía mas.
Claro que su sed de mordida, era todavía más poderosa...
- Ps a ver cómo nos arreglamos señorita, porque como le digo, es corralón.
- ¿Por qué no me pone mi multa por dar vuelta prohibida y ya?
- Uy señorita, es que esto no es de multa, es corralón directito. Y le va a salir en una lana, usté digame como le hacemos... (guiño - guiño)
- Es que, como le dije no traigo mi cartera, no traigo un peso (lo cual era rotundamente cierto).
Y fue entonces cuando decidí que merecía apelar al ultimísimo recurso: ¡El soborno!
Se abre paréntesis: ( )
No, en serio, abro paréntesis: Yo no sabía que el méndigo policía no podía quitarme mi cochecito así nomás, yo estaba en verdad asustada, no por el coche en sí, sino porque tenía la imagen mental de cómo me iba a ir en mi casa cuando llegara caminando.
Así es que le dije: Fíjese que mi amiga y yo estábamos tratando de vender unas trenzas que hacemos nosotras bue-ní-si-mas!!! ¿por qué no prueba una? ¡son de jamón y champiñones y traemos dulces también!...
- ¿Trenzas?
- ¡Si! Deliciosas trenzas de pasta hojaldre rellenas.
- Ay señorita, es que no podemos dejarla ir asi nomás... cometió una infracción.
Mi amiga, hábilmente, ya había sacado una trenza de la caja y la neta, de verla se antojaba (la trenza, guey).
- Mire, pruébela poli, ¡está bien rica!.
- Ps si ve sabrosa.... oiga, pero mi compañero también trae hambre...
- Pues aquí está la de su compañero también, faltaba más... ándele, déjenos ir.
- Ok, señorita, pero para la próxima... ya sabe, eh?.
- Si, claro, poli, no lo volvemos a hacer, se lo juro.
Y así fue, como junto con las dos trenzas de pasta hojaldre se fueron mis principios y convicciones de no dar mordidas nunca jamasmente, porque es corrupción. Snif!.
3 comentarios:
No entiendo como nadie deja un comentario si las historias son tan buenas...
Jajajaja, muy buena historia. Quisiera agregar mi experiencia personal en cuanto al soborno, bueno y no como tal, ya que nunca me he visto en una situación como esa. Una tarde de verano del año X, llegó mi tía con una cara de "enojo" (encabronamiento) tal que echaba hasta humito por la nariz. Nos contó como un "Tamaro" la había parado por continuar la glorieta aunque la luz estuviera en rojo. Anyway, se logró salvar porque le dijo que tenía un familiar realmente enfermo en el hospital y que no podía tardarse mucho. "Ajá, pensé para mi, esa será mi estrategia de ahora en adelante". So, para prevenir, cdada vez que me paso una luz en rojo, doy una vuelta prohibida y cuanta violación al "Honorable Reglamento de Transito" se me ocurra, trato de ubicar el hospital más cercano a la zona de infracción y practico mi puchero! jajajaja, Creo que todos nos hemos visto en situaciones parecidas, so, don´t worry amiguita, que bueno que saliste bien librada! Deliciosas y ricas trenzas!
Toy de acuerdo con Alograg!
No poder acreditar la propiedad del coche implica corralón, a fuezas.
Los tránsitos son como los vendedores de música y películas piratas, te abaratan tanto la solución que es difícil no caer.
Quizá si les dieran un porcentaje por multa levantada... pero entonces inventarían las infracciones.
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