Hoy estuve a punto de causar un accidente de tráfico.
Ojalá hubiera sido debido a mi belleza sin igual que dejaba embelesados a los conductores, pero no, fue culpa del café.
Traía en la mano mi vaso con café calentito, humeante y delicioso, y caminaba alegremente por la calle, bueno por la acera porque yo soy bien prudente y tan prudente soy que al llegar a la esquina me detuve antes de cruzar pues venía un coche a punto de llegar a esa misma esquina, ese coche que llegaría a la intersección será denominado Coche A. Coche A era conducido por una mujer con cara de pocos amigos o más bien de recién levantada y por la calle que cruzaba venía otro coche, a partir de este momento nombrado como Coche B. Coche B era tripulado por un hombre que definitivamente tenía cara de muy pocos amigos.
Coche A seguía avanzando cada vez mas despacio pues coche B tenía la preferencia y no es que yo sea un tanto torpe, sino que como las calles son irregulares e informes, tuve un intento de tropiezo y un poco de café terriblemente caliente se derramó sobre mi mano, lo que provocó que los hechos se precipitaran de la forma en que lo hicieron a continuación.
Todavía con las gotitas de café sobre mi mano, me detuve a esperar a que ambos coches pasaran y sin pensarlo la sacudí para secarla, en ese momento, Coche A que para entonces se había detenido por completo, de repente, inexplicablemente, aceleró otra vez mientras coche B seguía plácidamente su camino sin darse cuenta de lo que estaba a punto de ocurrir, yo seguía con detenimiento la escena esperando caos y destrucción, pero ambos coches alcanzaron a frenar justo a tiempo para evitar un golpe que si bien no hubiera sido grave si hubiera proporcionado un buen espectáculo.
Entonces coche B una vez recuperado de su asombro lanzó toda una perorata de groserías y juramentos en forma de mímica contra la todavía asustada mujer que solo atinó a decir es que yo vi que ella me hizo “así”. Como obviamente se refería a mi, volví atrás en los hechos y me vi sacudiendo mi mano llena de café, actitud que claramente ella entendió como una señal de ahí sale, aváncele.
Me empezó a dar una risa estúpida y simple (y de pena también un poco) por lo absurdo de la situación y seguí mi camino más alegremente que antes, pero procurando no volver a derramar más café sobre mí, o por lo menos no sacudir mi mano hasta que llegara a un lugar sin autos (o sin viejas pendejas que creen que uno está parado en la esquina para indicarles si “salen” o no).
Mi pregunta es ¿Acaso tengo pinta de “viene-viene” o peor aún, de agente de tránsito?
3 comentarios:
Talvez tenga algo que ver que ese dia usaras una blusa naranja, color viene-viene...
O que trajeras una franelita roja amarrada al pantalon,
O que usaras la gorra al revés...
Ay no! que idiotez... neta que hay viejas bien pendejas para manejar y me enorgullese ya no ser una de ellas. Wuajajajaja.
jajajajajajajajajajajajajajajaja
ok, luego de por fin conseguir dejar de reir a carcajada suelta, debo decirte que no puedo creer las cosas que te pasan!!!!!! deveras que solo a tí!!!
pobre mujer dormida que creyó en tu buena fe para hacerla de viene-viene :(
Jojojojojo, chale, Alexandra...
Te mando un saludo a pesar de estar bien desaparecido, jejeje. Platicamos.
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