Una vez más me dejó el avión. Y a nadie sorprendió. Francamente no me distingo por mi puntualidad y brillantez, pero en realidad no fue todo mi culpa. Como pocas veces llegué a tiempo para registrarme, pero me encontré con la noticia de que el avión estaba en mantenimiento (no entiendo, si recién había volado ese mismo avión, ¿como ahora puede estar en mantenimiento? ¿No se dieron cuenta de que ¡ups! un ala venía desprendiéndose o de que el motor estaba fallando? ¿Los dos motores quizá?) y venía retrasado dos horas dos. Pero bien podría ser antes de las 2 horas ¿no?, sonriendo ampliamente por mi ingenuidad me dijo que lo más probables era que tardaran más de ese tiempo.
Ya que había llegado con tanta anticipación y ahora tenía un montón de tiempo disponible me tomé la libertad de salir del aeropuerto para encontrarme con unos amigos. Varias chelas después decidí que era tiempo de regresar al aeropuerto. Y por supuesto: Mi avión había partido sin mí.
Cuando caminé por el pasillo vacío hacia la puerta por la cual saldría mi avión y la encontré completamente vacía empecé a sospechar algo raro. Ya segura de mi recurrente fracaso en materia de puntualidad, me dirigí al módulo de venta más próximo. O sea, al otro lado del aeropuerto. Murphy me acosa.
Resultó que el avión había salido media hora antes de lo previsto y me vocearon varias veces pero yo nunca aparecí. Pero si yo aquí estuve todo el tiempo, intenté alegar, me dicen mis compañeros de operaciones que usted entró al aeropuerto apenas hace 20 minutos, señorita, y el avión salió después de la hora en que le dijeron que estuviera en la sala de espera.
Malditas sean las cámaras de seguridad.
Intenté razonar amablemente con ella (¡Por favor, por favor! ¡Mis cinco hijos hambrientos me esperan!, cuando descubrí la casualidad de nuestros nombres iguales, insistí en lo bonito del hecho, etc) pero ella nada podía hacer, es que es no show señorita (show el que les tendré que hacer aquí) le pedí que llamara a alguien de operaciones y entonces decidí pasar al plan B: Aparentar furia e indignación. Haciendo aspavientos de señora airada pregunté furibunda que si pretendían cobrarme un “no show” como iban ellos a pagarme las 2 horas que yo estuve esperando la salida.
Mi argumento funcionó de maravilla. Después de arduas negociaciones entre control, operaciones, ventas, central Guadalajara y viceversa, me cambiaron el vuelo sin ningún cargo. Cuando estaban por entregarme el nuevo boleto, en el colmo de la desfachatez y el descaro, pregunté si no me lo podían poner para el día siguiente, digo, si ya estaba ahí porque no aprovechar. Su mirada fue fulminante y me sorprendió como pasó tan rápido de falsa preocupación a franco odio. Jijiji, éste está perfecto, dije arrebatando el pase de abordar. Nuevamente 3 horas disponibles. ¿Qué hacer? Salir del aeropuerto ya no era una opción, así que me senté en el primer lugar que vi para tomarme la cerveza más cara de mi vida.
Después de la cerveza decidí que era mejor acercarme lo más posible a la sala que me correspondía. Caminé por un laberinto de pasillos interminables y sin saber cómo llegué a uno lleno de locales con brillantes letreros que decían todos duty free, perspicaz como soy intuí que quizá estaba ya en salidas internacionales. ¡Maldita sea mi estampa! ¿Mencioné que soy despistada? ¿‘Ora para donde era? Sentía que caminaba en círculos pues todos los pasillos eran exactamente iguales, las mismas meseras en cada bar, los mismos gringos de piel rosa, las mismas salas de espera.
Una vez que conseguí volver sobre mis pasos me di cuenta de que seguía faltando mucho tiempo para que partiera el avión, así que me instalé en el bar más próximo a mi sala y me tomé la segunda cerveza más cara de mi vida (No porque fuera menos cara, costaba igual, pero fue la siguiente) Ya con las que llevaba encima como que me empecé a relajar y a despreocupar de todo.
¿Qué se sentirá volar borracha? Bah. Sé que hay bolsitos de vómito en los asientos, aunque, la idea de ir durante el vuelo con una bolsita acuosa y tibia y apestosa no me gusta nada. El tiempo transcurre lento, muy lento; yo bebo de la misma manera pues no pienso invertir en la tercera cerveza más cara de mi vida. Por otro lado, ya con tanta chela empecé a sentir la imperiosa necesidad de ir al baño, no tan imperiosa, por supuesto como seguramente lo será en cuanto ponga un pie en el avión.
En fin, mejor dejaré de beber ya……..
Bueno, ahora sí, ya.
3 comentarios:
Jajajaja! Me divierto en sobremanera con tus aventuras. Yo kisiera ser tan divertido como tu. Soy tu fans.
Creo que no puedes entrar ebria al avion.. ley o algo asi...
Lo que si puedes es ir a recibirme ebria al aeropuerto... con los brazos abiertos y dos chelas en cada mano!
Yo te abrazare con mismo impetu!
Uta! tan divertida... ya te quisiera ver si la estúpida ley de murphy se ensañara contigo! jajaja, pero hombre gracias!
Zuthiel: Dalo por hecho, haré el sacrificio solo por tratarse de ti! jiji :D
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