sábado, agosto 30, 2008

Iluminemos México

Acabo de regresar de la marcha realizada en Guadalajara. Confieso que al principio no estaba muy segura de querer ir, pensaba lo mismo que seguramente mucha gente piensa: ¿Para qué ir? ¿Va a servir de algo? Como si por ir en multitud caminando todos de blanco con velitas se fuera a reducir la delincuencia, la violencia, los secuestros.
Pero luego pensé que no tenía derecho a quejarme si no hacía algo yo también y esta iniciativa me pareció una excelente manera de opinar, de exigir, de aportar, de unir una sola idea y un propósito: ¡Ya basta de violencia!
Me gustó mucho haber ido, cuando llegué ya había una enorme afluencia de gente caminando por avenida Vallarta, la marcha empezó en punto de las 19:30 horas desde avenida Chapultepec. Había muchas familias con niños pequeños, parejas de jóvenes, ancianos en silla de ruedas, amigos que iban en el cotorreo, casi todos vestidos de blanco, muchos con sus veladoras prendidas.
Casi llegando a los Arcos Vallarta alguien, seguro un organizador gritaba que apagaran sus veladoras para encenderlas nuevamente a las 20:30 horas, al mismo tiempo.
La gente caminaba entusiasmada, se percibía que todos sentíamos que participábamos de algo imporante, la expectativa es sobre lo que suceda ahora porque el sentimiento general es que México entero se levantó, todos nos expresamos al mismo tiempo.
Los vendedores ambulantes no perdieron la oportunidad de hacer negocio y había rusas, churros, papas fritas y hasta linternas disponibles a todo lo largo de la avenida. Yo me indigné al ver una camioneta de coca-cola con su stand en una de las calles aledañas a la avenida, luego me di cuenta que estaban regalando vasos de refresco a los marchantes.
Había un cierto ambiente festivo, pero creo que era porque todos sabíamos que estábamos participando de algo importante, histórico incluso.
Yo iba con un amigo y al llegar a un local a comprar algunas cosas, ya frente a la glorieta de la Minerva, el vendedor nos dijo que de su azotea se veía muy padre y nos invitó a subir. La vista era verdaderamente impresionante, tanta gente reunida inunando las calles. ¿Por qué hemos de llegar a esto porque las autoridades no cumplen su trabajo? ¿Qué va a pasar ahora? ¿De veras servirá de algo todo esto? Sí, ciertamente producía emociones muy encontradas.
A las 20:30 horas, la zona de la Minerva era un enorme conglomerado de gente que con su veladora prendida empezó a entonar el Himno Nacional, todos juntos, todos disparejos, todos con el mismo sentimiento. Luego siguieron los vítores, aplausos y viva México.
Luego de eso poco a poco la glorieta se fue quedando vacía, la gente comenzó a dispersarse por las calles con la esperanza de que este grito silencioso realmente sirva para algo.

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