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domingo, mayo 20, 2012

Toluca la Bella... Pffffft!

Tengo exactamente 2 meses 2 viviendo en Toluca. Toluca la bella para los oriundos, Toluca pinche pueblo feo para mi. De verdad, no sé de donde salió eso de “bella” cuando se trata de una ciudad meramente industrial, fría, sin vida. Es una ciudad donde a las 8 de la noche ya no hay más gente en la calle que aquellos que regresan cansados, vacíos, del trabajo. Los negocios cerraron, los cafés, bares, galerías, museos nunca han existido. No sé, habrá más de alguno supongo, pero yo todavía no los he conocido. La gente es exactamente igual que la ciudad: fea, fría, nunca te mira a los ojos ni te regala una sonrisa. A cualquier lado que volteo no veo más que fábricas, enormes industrias con chimeneas escupiendo humo todo el tiempo, volviendo a la ciudad todavía más gris y triste. En cada esquina hay perros callejeros, rebuscando algo en cualquier basurero, perros flacos, medio muertos de hambre. Después de pasar un par de semanas en un hotel encontré un apartamento bastante cómodo para mi sola, es pequeño y bien ubicado, pero muy poco iluminado. Eso me deprime, lo único que me consuela es que desde la ventana del comedor puedo ver los volcanes. Imponentes el Iztacíhuatl y el Popocatepetl se yerguen viendo a la ciudad desde lejos, desde muy lejos. A veces nos guiñan el ojo y se asoman desde ciertos puntos, cuando las nubes o el humo de las fábricas no los cubren del todo, pero desde mi ventanita puedo verlos casi todo el tiempo. Pegadito a Toluca está Metepec, pueblito mágico que se enorgullece de sus maravillosos árboles de la vida. He ido un par de veces y lo encuentro bastante pintoresco con sus callecitas de pueblo llenas de comercios, bazares y galerías, sus iglesias barrocas y enormes, variedad en cafecitos, bares, restaurantes. Se siente un espíritu diferente ahí, se disfruta. Lo mejor de Toluca es Santa Fé, dicen por ahí, y es porque tan solo estamos a cuarenta minutos de distancia. Esa es la razón por la cual yo vivo en Toluca, y sin conocer la ciudad amarré un contrato de arrendamiento por un año. Ahora cuento los días para que termine y así poder mudarme al Defectuoso. No es solo el contrato, debo conocer la ciudad capital primero, tener más pericia al volante, dejar de parecer turista cada vez que estoy allá, achilangarme un poquito pues. Mientras eso sucede trataré de encontrar (debe tenerlo en algún lado) el lado bello de Toluca la bella.

martes, octubre 26, 2010

Hoy hace un año

Hace exactamente un año estaba desesperada, corriendo por todo el aeropuerto intentando encontrar un vuelo que me llevara a Toluca, después de haber perdido el que me había comprado la compañía que me contrató a partir de ese fatídico día 26 de octubre para formar parte de su equipo de trabajo.
¡Chale! Excelente carta de presentación.
Llorando y al borde de la histeria (¿o pudo ser que ya lo estuviera?) le llamé a mi amigo Octavio para que fuera por mi al aeropuerto de la ciudad de México y me llevara hasta Toluca. Refunfuñando pero vengándose a risotadas burlonas fue por mi.
Hace un año conseguí llegar a Toluca únicamente con dos horas de retraso sólo para descubrir (después de una breve llamada para avisar que no me había rajado y que sólo iba un poquitín retrasada) que el itinerario contemplaba el acomodo en el hotel, una posterior salida a comer y toda una tarde de descanso para comenzar con la pila bien cargada a primera hora del día siguiente. Así es que dado lo relajado del asunto me dio tiempo de ir con Octavio a desayunar a la Marquesa unas deliciosas quesadillas de maíz azul rellenas de champiñones y quesillo con harta salsa verde y un cafecito de olla para acompañar.
Hace exactamente un año debí haber previsto que alguien que te acaba de contratar y que te lleva a capacitación en domingo va a disponer de tu tiempo personal una y otra vez haciendo que te pierdas de bodas de amigos entrañables, cumpleaños de mamás que son como jarritos de Tonalá y fiestas inolvidables de buenos amigos.
También tengo un año lidiando con todo tipo de gente y aprendiendo a trabajar bajo presión, a mediar entre diferentes áreas y a ser líder... aunque esto último todavía no me sale muy bien. He ido aprendiendo a construir, a aportar, a atreverme a levantar la mano para hacer sugerencias que no llevan a nada muchas veces, pero otras tantas son bien recibidas por la mayoría.
Y así es que hace exactamente un año comencé a formar parte de una importante empresa dedicada al consumo masivo (¿Qué tendré yo con las empresas enfocadas a la comida?) donde también he aprendido que después de un año, todavía falta mucho camino por recorrer.