Todo el mundo tiene una anécdota de la posada pasada en que Jesús de Contabilidad se puso hasta las manitas y terminó bailando arriba de la mesa, con la corbata en la cabez. O de la fiesta de celebración de aniversario donde a Martita de recepción se le pasaron las cucharadas y terminó lléndose "a quién sabe donde" con Óscar, el chofer.
¿Pero y qué cuando eres tú el protagonista del anecdotazo?
Porque claro, siempre es alguien más, uno siempre es el elegante y discreto invitado que se comporta a la altura del evento, haciendo gala de distinción sin igual... pfffft! todo le pasa siempre al primo de un amigo.
Es obvio ¿Quién se atrevería a cargar el estigma empresarial de ser "el borrachazo de cantina del cubículo del rincón"? Tristemente, yo puedo decir que sí se siente bien regacho, snif.
Pero momento, en mi defensa debo decir que no se trataba de un evento oficial, no era ni posada ni cumpleaños ni festejo de nada, era una reunión completamente extraoficial, fuera de horarios de oficina, en un lugar completamente ajeno al trabajo, donde los shots de tequila alternados con cerveza Nochebuena me hicieron perder el piso completamente... y con el piso también perdí el estilo, la dignidad y la buena imagen que alguien pudiera tener de mi.
Lo triste es que la pachanga fue con colegas con quienes se pensaría que se está en un ambiente de confianza y sobre todo confidencialidad tratándose de integrantes del área de la compañía encargada de velar por las buenas relaciones, el respeto, el agradable clima laboral, la discreción, etc. Y que todo lo acaecido en aquel lugar permanecería exclusivamente en aquel lugar (como en Las Vegas por ejemplo) y no que tan solo unos días después alguien, completamente ajeno a la fiesta, al área, incluso a la ciudad donde todo se suscitó, preguntara como no queriendo "¿Qué güacareaste?" Con la pizca de dignidad que me quedaba, lo miré de la manera más altiva que pude y contesté con una seguridad que no había visto nunca en mi "¡Por supuesto que no!" (no enfrente de la gente al menos)
¿Y 'ora? ¿Cómo se quita uno esa terrible idea de borrachales en su otrora impecabilísima (bueno, ni tanto pues) imagen de persona decente? Lo dicho, es un estigma empresarial. Y los estigmas difícilmente se borran. Chale.
Moraleja: No confíen nunca en la gente de Recursos Humanos.
2 comentarios:
Ufff eso yo lo he vivido en todos y cada uno de mis trabajos, pero mi manera de abordar el tema del acoholismo es simple: desde el día uno les hago saber que me gusta la fiesta, les informo cuando estoy cruda, les presumo cuánto rockeo, les aseguro que me tomo la pisteada muy en serio. De esa forma, van a la peda ya esperando lo que sucederá y de cierta manera a naaadie le sorprende cuando en efecto me pongo hasta el cepillo y rockeo hasta el amanecer.
Al día siguiente, en vez de llegar con la cola entre las patas y esconderme temerosa de que todo mundo se haya enterado, llego con gatorade en mano diciendo desde la entrada: "no mamen, qué buena peda agarramos ayer".
Es como cuando te caes, puedes reírte de ello o avergonzarte. Es mejor reír.
Jaja! Tienes toda la razón! Creo que tomaré muy en cuenta tu actitud para la próxima peda...
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