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miércoles, enero 12, 2011

¿Qué son catarsis?

Soy una persona excesivamente aprehensiva. No puedo evitarlo, lo intento, me convenzo de que al contrario, de que soy bien relajada, de que no me corre la vida, de que puedo disfrutar cada momento sin pensar en las consecuencias y me repito que no tengo por qué reprimirme o restringe o acongojarme por lo que pasa a mi alrededor. Y no me la creo. Nomás no funciona: a la primera de cambio regresa la colitis, gran compañera desde hace como 10 años. ¡Qué panza embarazadesca diosmío!
Pero ayer me superé a mí misma y conseguí llegar a otro nivel: desde que me desperté la mejilla derecha me comenzó a hormiguear intermitente e insistentemente ¡chale! Yo que soy todo menos paranoica e hipocondríaca de volada pensé era la inmitente parálisis facial o la embolia que se avecinaba. ¡Ay no, mi belleza sin igual desfigurada en un rictus de dolor!
La neta, la neta, me asusté un montón porque obviamente no me había quedado dormida sobre el escritorio para despertar con el teclado marcado y la cara dormida (bueno, el obviamente está demás, pero no pasó así, de veras) así que el constante hormigueo en el músculo facial no tenía una explicación lógica más allá del evidente estrés al que me autosometo. Yo me lo provoco, lo sé, estoy consciente de esto, si tomara las cosas de la vida con otra actitud (¡gooeiii si yo soy súper alivianada y positiva!) no me pasarían estas cosas, snif.
Necesito hacer catarsis y no tengo idea de cómo. He oido de algo que la gente llama ejercicio y dicen que tiene muchos beneficios, pero yo solo conozco personas lesionadas por practicarlo, así que no estoy muy segura.
¿Pintar, escribir, dibujar, bailar, gritar? ¡No sé! Necesito una recomendación concreta, sencilla y barata sobre cómo sacar mi estrés y relajarme más y dejar las broncas en donde pertenecen y ser feliz para siempre jamás. ¿Alguien conoce el secreto?

viernes, diciembre 10, 2010

¡No estoy borrassshaaa!

Todo el mundo tiene una anécdota de la posada pasada en que Jesús de Contabilidad se puso hasta las manitas y terminó bailando arriba de la mesa, con la corbata en la cabez. O de la fiesta de celebración de aniversario donde a Martita de recepción se le pasaron las cucharadas y terminó lléndose "a quién sabe donde" con Óscar, el chofer.
¿Pero y qué cuando eres tú el protagonista del anecdotazo?
Porque claro, siempre es alguien más, uno siempre es el elegante y discreto invitado que se comporta a la altura del evento, haciendo gala de distinción sin igual... pfffft! todo le pasa siempre al primo de un amigo.
Es obvio ¿Quién se atrevería a cargar el estigma empresarial de ser "el borrachazo de cantina del cubículo del rincón"? Tristemente, yo puedo decir que sí se siente bien regacho, snif.
Pero momento, en mi defensa debo decir que no se trataba de un evento oficial, no era ni posada ni cumpleaños ni festejo de nada, era una reunión completamente extraoficial, fuera de horarios de oficina, en un lugar completamente ajeno al trabajo, donde los shots de tequila alternados con cerveza Nochebuena me hicieron perder el piso completamente... y con el piso también perdí el estilo, la dignidad y la buena imagen que alguien pudiera tener de mi.
Lo triste es que la pachanga fue con colegas con quienes se pensaría que se está en un ambiente de confianza y sobre todo confidencialidad tratándose de integrantes del área de la compañía encargada de velar por las buenas relaciones, el respeto, el agradable clima laboral, la discreción, etc. Y que todo lo acaecido en aquel lugar permanecería exclusivamente en aquel lugar (como en Las Vegas por ejemplo) y no que tan solo unos días después alguien, completamente ajeno a la fiesta, al área, incluso a la ciudad donde todo se suscitó, preguntara como no queriendo "¿Qué güacareaste?" Con la pizca de dignidad que me quedaba, lo miré de la manera más altiva que pude y contesté con una seguridad que no había visto nunca en mi "¡Por supuesto que no!" (no enfrente de la gente al menos)
¿Y 'ora? ¿Cómo se quita uno esa terrible idea de borrachales en su otrora impecabilísima (bueno, ni tanto pues) imagen de persona decente? Lo dicho, es un estigma empresarial. Y los estigmas difícilmente se borran. Chale.


Moraleja: No confíen nunca en la gente de Recursos Humanos.

jueves, agosto 06, 2009

Regreso y bienvenida

Finalmente regresé a México. Fue una decisión apresurada y no completamente mía, no tenía opción. O sí, pero no la aproveché y esa es otra historia.
Dejé el departamento a las 5:30 de la madrugada (¡Qué grosería!) para tomar un vuelo que me llevaría de Ottawa a Toronto, una vez ahí tenía una hora hasta que saliera el vuelo de Toronto a la ciudad de México, así que pude tomar un café y un último blueberry muffin, además de dar una vuelta por el duty free donde hice compras desesperadas de último minuto como un montón de barras de Toblerone y dulces y llaveros en forma de hojas de maple.
Partimos a la hora estipulada en punto y cinco horas de vuelo después arribamos a la ciudad de México sin ningún contratiempo. Después de recorrer todo el aeropuerto llegué a la terminal de Estrella Roja donde tomé el próximo autobús hacia Puebla. En cuanto me subí al autobús sentí una ligera opresión en el pecho, fue todo tan rápido, tan poco tiempo, tantas cosas que ver, que hacer, que vivir y ahora estaba nuevamente de regreso.
El autobús salió retrasado y nos pasaron una película que ni siquiera se había estrenado en cines, después de un turbulento viaje por la carretera México - Puebla, llegamos nada más como 30 minutos después de lo previsto. Que es una hora más de la que te dicen que llegará el autobús.
Pasé un par de semanas en Puebla visitando a mi familia, hubieran sido del todo perfectas de no ser por la bienvenida que la vandalidad mexicana me tenía preparada: uno de esos días en que nadie estaba en casa, alguien decidió entrar a ella y llevarse lo que pudiera cargar en dos manos, esto fue mi lap - top, mi cámara fotográfica y algunas cadenitas de oro de mi jefa. ¡Chale! Esa es la razón por la que he estado tan desconectada de esto últimamente. Yo que no concebía la vida fuera de internet empecé a descubrir que hay todo un mundo de posibilidades allá afuera, como interacción con gente real y todo eso. No, en serio, hice el berrinche de mi vida, todas mis fotografías, mi música, mi información perdidas para siempre, snif.
Regresé a Guadalajara más ligera de equipaje pero con mucha frustración a cuestas. Una semana después nuevamente fui víctima de la ironía del destino y algún vándalo ocioso consideró divertido navajear por todos lados el toldo de mi coche.
¿A qué chingados me regresé? Preguntarán ustedes. No tengo pinche idea. Nomás a darme cuenta de por qué todo mundo (yo incluida) quiere largarse de aquí. Qué tristeza.
Desde que regresé he estado buscando trabajo, y he ido ya a algunas entrevistas. "Nosotros te llamamos" me dicen en todas. Hace mucho que aprendí lo que significa eso. Nunca he dudado de mi capacidad, experiencia y habilidad en lo que hago, pero sí desconfío de lo que piensan los reclutadores al ver a alguien con una parte del cabello teñida de morado. Algo que tampoco pasaría en Canadá, así como no navajearían tu coche nomás porque sí y no entrarían a robar a tu casa al menor descuido. O a lo mejor sí, tampoco es que sea todo perfecto allá, pero dadas las circunstancias no pude menos que sentirme decepcionada de las cosas que suceden a cada rato en mi país.
Así es que aquí sigo, de vacaciones, viviendo una segunda adolescencia que increíblemente está a punto de cansarme, pues esto de literalmente no tener nada que hacer me está matando. ¿Alguien necesita una psicóloga? Doy terapia bara bara.