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jueves, octubre 02, 2014

Del tingo al tango

A veces está una muy campante, dejándose llevar por la vida, cuando de repente suceden cambios, se terminan ciclos, se presentan nuevas situaciones, en fin, suceden cosas que provocan que el rumbo cambie... al menos por un tiempo. Así es que después de semanas andando de aquí para acá, donde una ciudad de residencia definitiva es menos que probable, vamos de vuelta a Mexicalpán de las garnachas. El Defectuoso de mis amores (sí, no me da pena decirlo) nos espera con sus viaductos abiertos. O cerrados, todo depende de la manifestación del día (fuerza IPN). Y la hermosa Guadalajara de mis desvelos nos aguarda para una nueva visita inesperada, o no tanto. Pronto, eso sí, estaremos otra vez entre tortas ahogadas y tequilas. Y cuento todo esto porque estando de un lado para el otro, haciendo cosas aquí y allá, es fácil irse desprendiendo de cosas, de recuerdos, de lugares comunes... los miedos cada vez se van haciendo menos, aunque la incertidumbre siempre cala. Es una sensación extraña porque a pesar de la distancia, me siento cerca de muchas personas. La distancia es una barrera que no existe, pues siempre está latente la posibilidad de estar. La zona de confort se va ampliando y las posibilidades de hacer y deshacer se multiplican. Por eso hoy, a las 9 de la noche del jueves 02 de octubre (no se olvida) estoy de nueva cuenta en la Ciudad de México, molida de andar con la casa a cuestas en un autito que resultó todo un valedor, pero feliz de saberme lejos en la distancia y cerca en el corazón. Es curioso, cada vez que pregunto cuáles son las mejores ahogadas de la ciudad, obtengo diferentes respuestas. Lo único cierto es que siempre hay unas mejores para cada quien. Y yo, 30 años después, todavía no encuentro mis favoritas. Ya regresaré pronto a buscarlas.

sábado, octubre 26, 2013

¡Viva la inestabilidad!

Creo que la estabilidad está sobre valorada. De verdad. Estoy convencida de ello. Pasamos nuestra vida en función de conseguirla como si fuera una presea dorada: Compramos casas de proporciones milimétricas endeudándonos de por vida porque a fin de cuentas, todos queremos tener un patrimonio ¿no?. Nos casamos con la efímera ilusión de que será para toda la vida, porque ni modo que no, si para eso se para una frente al altar. Nos deslomamos día tras día en trabajos que no nos gustan pero de los que no nos atrevemos a retirarnos ¿Por qué entonces qué vamos a hacer? Y es que perder (o elegir dejar) la seguridad de un empleo, una casa o un matrimonio genera incertidumbre y ansiedad. No sólo eso: provoca una estrepitosa sensación de fracaso también. Y por si hiciera falta algo más, también trae consigo una reprimenda social muy severa. Las opiniones son todas las mismas. Pero ¿qué pasa si nos atrevemos a dar ese salto al vacío? ¿caemos y nos estrellamos? Difícilmente. O probablemente sí, pero no importa: estar en el suelo resulta aburrido, siempre terminamos por levantarnos. Muchas personas calificarán de una locura (por decir poco) la decisión del salto ¿perder seguridad y estabilidad? ¡Es de locos!. La estabilidad emocional tampoco es lo más emocionante del mundo. Sin locura no se crearían las cosas más bellas, y fantásticas de la vida, no vibraríamos con montón de deliciosas sensaciones, no nos atreveríamos a hacer cosas aventureras y muchas veces hasta estúpidas y sin sentido. Si fuéramos estables todo el tiempo seguramente andaríamos por la vida mucho más tranquilos, pero definitivamente no más felices, estoy segura. Porque hacer lo que realmente quieres, lo que verdaderamente te hace feliz muchas de las veces implica riesgos, aventarte a la nada, decidir a ciegas. Y las consecuencias pueden resultar desalentadoras, pero darse la oportunidad de atreverse tiene un par de regalos escondidos: aprendizaje y libertad. Justo hoy, precisamente hoy que pensaba en todo esto porque nada es casualidad, encontré esta frase: "Me doy cuenta que si fuera estable, prudente y estático viviría en la muerte. Por consiguiente acepto la confusión, la incertidumbre, el miedo y los altibajos emocionales porque ése es el precio que estoy dispuesto a pagar por una vida fluida, perpleja y excitante". Así sabiamente lo expresó Carl Rogers y brindo por ello. Tomé el camino de una vida llena de vericuetos, perplejidades y emociones, a costa de muchos momentos confusos e inciertos. ¡Salud!

viernes, febrero 17, 2012

Nunca digas de esa agua no beberé

Hasta hace unas semanas cuando me encontraba con amigos o conocidos que por alguna razón se habían ido a vivir al DF yo les preguntaba abiertamente (si había confianza) o pensaba para mis adentros (si no había tanta) ¿Cómo puedes vivir allá? ¡Yo nunca podría hacerlo!
Mis motivos eran claros: La ciudad enajena e impide que cualquiera pueda tener mediana calidad de vida; los trayectos son increíblemente largos, no tanto en distancia sino en tiempo y pierdes horas y horas y horas atascado en el tráfico.
Sin embargo, es una ciudad que me intriga y fascina y me parece la más surrealista del mundo. Tampoco es que conozca muchas ciudades del mundo, pues, pero a mi así me lo parece.
Hasta hace unas semanas yo estaba feliz en mi confort de tener un trabajo estable, un departamento con montón de problemas pero que está bien ubicado, un novio al que adoro y buenos amigos.
Pero siempre he buscado el desarrollo profesional y alguna vez se lo dije a mi jefa. Hace unas semanas me dieron la noticia de que el pez por la boca muere: o sease que me hicieron caso.
Y me ofrecieron un muy buen crecimiento laboral y económico, trabajando en otras áreas y colaborando con grupos diferentes de gente. El puesto es en la Ciudad de México.
No voy a decir que di mi respuesta sin pensarlo porque la verdad es que tuve que pensarlo más de dos veces, pero al final dije que sí. Mexicalpán de las Garnachas. Híjole, como dice el refrán, nunca digas de esa agua no beberé. Me muero de miedo pero también de emoción, tengo nervios mezclados con ansias de ya estar allá, estoy sumamente contenta pero también ya empiezo a pensar con nostalgia (tan ricos los tacos de pastor de la esquina y va a pasar un rato antes de volverlos a probar)
Tengo que estar allá la primera semana de abril, así que tengo lo que resta de febrero y todo marzo para hacerme a la idea, empacar mis cosas personales y deshacerme de muebles y enseres y recuerdos. Cual Diógenes: Me voy a empezar de cero, ya iré adquiriendo cosas poco a poco.
Además de cosas iré adquiriendo la virtud de la "adaptabilidad" ¿Será que lo consiga?
Ya lo veremos.