domingo, junio 16, 2013

La clase de yoga

Cuando se comienza a hacer ejercicio después de no sé cuántos años de no hacerlo, las expectativas en realidad no son muchas: si no se muere de un infarto en medio del gimnasio, ya se puede decir que se está de gane. A mí, francamente, más que el infarto, lo que me preocupaba era dejarle la amarga tarea de levantar mi rechoncho cuerpo a los demás ejercitadores porque muy vigoréxicos serán ¿pero qué culpa tienen de andar haciendo pesas sin quererlo? Hace unos días fui a mi primera clase de yoga. Yo pensaba que eso era relajante, que uno iba a olvidarse del mundo, a hacer meditación cantando oms con una pierna cruzada atrás de la cabeza sin ningún esfuerzo. Pero no, resulta que implica no sólo esfuerzo sino también disciplina. Según me cuentan las personas que saben de esto, esfuerzo y disciplina son dos atributos que bien llevados, conducen al éxito (sea lo que sea que eso quiera decir) El calentamiento no resultó nada difícil: movimientos circulares de un tobillo, luego el otro, giro de cadera, de cabeza, movimientos de hombros. Esto pinta bien, pensé, ya domino el yoga. Luego empezamos con las posturas. Como era la única nueva en el grupo, la maestra no se tomaba la molestia de explicar el paso a paso de cada postura. Mi sonrisa entusiasta se desdibujó por completo cuando la mujer comenzó a nombrar palabras solemnemente para inmediatamente adoptar posturas por demás extrañas y complicadas: puente, montaña, ocho puntos en piso, cobra, guerrero y así se iban sucediendo las palabras acompañadas de posturas cada una más difícil que la anterior. Yo intentaba seguir al grupo que ágilmente adoptaba las posturas que indicaba la maestra, pero el resultado en mi caso siempre era desastroso. ¡Chale! ¿Qué a estos yoguis no les duelen las rodillas? ¿También practican la meditación zen o algo así? Pensaba mientras trataba de soportar la tortura que significaba el estar hincada por más de 3 horas... o 5 minutos, da lo mismo, era igualmente doloroso. ¿Pero? ¿Esta otra postura? ¿Qué acaso tomarse el dedo gordo del pie y estirar la pierna no es físicamente imposible a menos que tengas seis meses de edad? Aparentemente no. Yo sudaba tratando de seguir a la maestra, pero mi mayor esfuerzo en realidad radicaba en tratar de pasar desapercibida cuando azotaba como res sobre la duela cada vez que perdía el equilibrio. Mi cara estirada con los ojos desorbitados, los dientes apretados y los brazos temblorosos cuando se apoyaban sobre el piso sosteniendo parte de mi peso, debieron ser un espectáculo irrisorio. Al final llegó el momento de relajación ¿De verdad? ¿Parte del ejercicio es tenderse en el piso, cerrar los ojos y relajar los músculos al ritmo de mandalas musicalizados? Si, yo sé: el yoga no se trata de mero ejercicio, sino de una disciplina tanto física como mental, pero yo no sé si mi mente dañada tiene arreglo y mi cuerpo atrofiado podrá recuperar la lozanía, flexibilidad y ligereza que alguna vez tuvo (de verdad, cuando tenía 4 años de edad fui lozana, flexible y ligera) En fin, fui a la primer clase y tratando de adoptar esa cualidad que dicen que es la disciplina, estoy determinada a ir a la segunda clase. Y ya veremos después cuántas más. Un paso a la vez, dicen. Además, supongo que conforme pase el tiempo el riesgo de infarto irá disminuyendo ¿cierto?

domingo, marzo 03, 2013

Otra del baño de mujeres

Hice una nueva amiga, fue ese día cuando entré al baño dando un portazo, apurada por llegar a llenarme la cara de menjurjes seguramente llenos de plomo que claman ser naturales y orgánicos y no se qué mamadas más. Pues eso, ahí estaba yo frente al gigantesco espejo del baño, con la peor luz posible que no hace sino magnificar cuanto desperfecto tenga una en la cara ¡Ah cabrón! ¿Desde cuando tengo este pelo de bruja saliéndome de la barbilla? Apurada porque para variar ya iba tarde, intentaba corregir mi cara de fastidio, cruda y cansancio para disfrazarla de frescura y lozanía primaveral, aunque por dentro sentía las mismas ganas de patear al primero que viniera con un ¿estás enferma? Como suele ocurrir en mis días de cansancio, cruda y fastidio. O sea, 3 de 5 días de la semana… laboral. En esas estaba, cuando una mujer de vestido apretujado, pelo alborotado y maquillaje imposible se me acercó disculpándose y me preguntó si me podía dar un par de tips. ¿Tan mal lo hago de plano? Pensé ¿Mi belleza sin igual de verdad necesita arreglo? Pero igual la dejé hacer y me enseñó cómo colocar el maquillaje correctamente para que se vea más natural y parejito y luego me pasó el dato correcto de la pestaña bien pintada y remató con la forma perfecta de aplicar el rubor porque “con mi tipo de cara necesito afilar los pómulos” snif. La verdad yo no noté mucha diferencia, aunque asentí entusiasta cuando me dijo ¿Si ves qué diferente y bonita te ves? Un par de días después nos volvimos a encontrar, me aseguré de que se diera cuenta de que seguía sus consejos mientras me embadurnaba y esta vez la clase fue sobre cosmética natural. ¿Pensarías que yo tengo 45 años? Preguntó. Y yo pensé que la respuesta correcta sería ¡No, para nada, te ves muy joven! Así que solté ¡No, para nada, si te ves muy joven! Y entonces, muy sonriente, me dio una cátedra de cómo aprovechar la sávila para preparar una pócima que debe rociarse cada mañana y cada noche en la cara para mantener su lozanía y lo que sobre del brebaje, se puede ingerir por las mañanas por si se quiere bajar la panza (¡Encima de que me critica por maquillarme mal, me dice gorda!) Basta con lavarse la cara con jabón neutro y rociarse el agua de sávila y verás el resultado en 15 días. Al menos eso me prometió. Y entonces ahora lo que hago es tratar de llegar a la oficina ya maquillada para no tener que encontrarme a mi amiga del baño y que se de cuenta que no he conseguido sávila y que mi maquillaje sigue igual de imperfecto que siempre.

Estúpida sociedad

Me torcí el pie de forma desastroza cuando iba caminando montada en unos zancos que martirizaban mis pies y entonces pensé que las calles no están hechas para que las mujeres caminemos cómodamente. Avancé unos metros más, me detuve y entonces pensé que en realidad es la sociedad entera la que no está construida para que las mujeres andemos libremente, con tacones o sin ellos.

martes, febrero 26, 2013

Adiós Guadalajara

“¡Sabía que no ibas a regresar, desde que dijiste que te ibas, sólo por un tiempo, yo sabía que no volverías!” Soltó mi amiga, un poco en tono de reclamo, otro tanto con tristeza. No supe qué decir. Fue una tarde de paseo, en que conocí la Torre Latinoamericana, cuando me di cuenta de que la decisión ya la había tomado, solo que no me había dado cuenta de ello. Estaba parada frente al inmenso ventanal, admirando la majestuosidad de una ciudad mágica y surrealista, veía hacia el horizonte y no pude distinguir donde se terminaba este monstruo cambiante, gentil a ratos, amenazador a otros, se extendía hacia todos lados lamiendo cerros y montañas, casi podía sentir y observar como seguía creciendo, lentamente, avorazada, infinitamente. Me asusté, pero en lugar de una mueca de miedo, en mi rostro se dibujó una sonrisa maravillada. Y entonces lloré; y lloré mucho. Lloré de nostalgia, de añoranza por la ciudad que me vio crecer, por su gente, los amigos que se volvieron mi familia, los espacios comunes, mis lugares secretos. Me di cuenta que mi sitio ya no está en esa cálida y hermosa tierra sin importar cuantas veces regrese, ya difícilmente la sentiré mía, aunque siempre forme parte de mí. Hace poco hablaba con un amigo sobre esos lugares especiales, que se vuelven tan propios, tan íntimos, tan nuestros que un sentimiento que podría disfrazarse de egoísmo nos hace atesorarlos resguardándolos de los otros. Me quedé reflexionando en cual sería mi lugar especial y al final me di cuenta que la fascinación que siento por esta ciudad inmensa no quitará su carácter de lugar especial a la ciudad entera en que pasé tantos años y tantos, pero tantos momentos que fueron marcando mi vida y que me llevaron no sólo a ser lo que soy ahora, sino también a tomar las decisiones de vida que me han traído hasta aquí. Mi lugar especial siempre será Guadalajara entera. ¿Por qué tomé la decisión? Ni yo misma lo tengo claro, pero cuando bajé aquella tarde de la Torre Latinoamericana y me perdía, tratando de abrirme paso entre un mar de gente que intentaba cruzar afanosamente el Eje Central, sonreí contenta sin mirar atrás.

sábado, diciembre 15, 2012

Perdida en la Roma

Fue una productiva mañana en la oficina después de haber disfrutado de una deliciosa quesadilla de quesos y hongos en La Marquesa, el día pintaba bien, así que decidí emprender la larga travesía hacia el Salón Covadonga, tradicional cantina de la Roma. Salí de la oficina y tomé un micro hacia metro Observatorio que atravesó todo el pueblo de Santa Fé, cuando por fin llegué, traté de orientarme, lo cual conseguí sin mucho problema y caminando entre un montón de puestos de fayuca y comida, entré a la estación, compré unos cuantos boletitos y me monté en el metro asegurándome de abrazar bien mi mochila pero poniendo cara de ser una citadina indolente más. Llegué hasta metro Insurgentes, donde según mi GPS debía bajar para tan sólo caminar unas cuadras hasta mi destino. Después de dar vueltas en círculo alrededor de la estación hasta adivinar dónde exactamente me señalaba mi navegador que estaba parada, y delatándome como turista, encontré la señalización que marcaba el aparato. A pesar de comenzar a desesperarme por no ponernos de acuerdo mi mapa y yo, me sentía contenta por moverme tan bien entre los servicios de transporte público del defectuoso, todo sin ningún contratiempo. Al final me topé con una puerta de salida que extrañamente nadie utilizaba “¡qué tontos! Todos haciéndose bolas por aquel lado y por aquí nadie pasa!” pensé. Cuando iba subiendo las escaleras y el olor a orines resecos se hizo cada vez más fuerte, empecé a sospechar que algo no estaba bien, cuando llegué al otro lado de la salida, me topé de frente con vallas de publicidad llenas de grafittis que bloqueaban el paso, y entonces vi a un grupo de gente que invadiendo el pasillo se encontraba sentada sobre viejos trozos de cartón, inhalando tonsol unos, empinándose botellas con contenido dudoso los otros, ¿y la calle? Había que escoger, derecha o izquierda, pero igualmente había que pasar entre los junkies del metro Insurgentes. “¡Ya valió madres!” fue lo único que atiné a pensar. Haciendo acopio de la mayor naturalidad posible, seguí caminando con paso firme mientras la banda me saludaba amablemente. “¡no mires a nadie a los ojos, no mires a nadie a los ojos!” Atravesé el grupo, caminé a paso veloz por el pasillo, y después de unos cuantos metros que a mi me parecieron kilómetros, llegué a la calle. Respiré aliviada, era la calle que buscaba y ya más tranquila comencé a caminar disfrutando de los viejos edificios art decó de la Roma. Pasé por el templo del verbo encarnado donde se celebraba una boda, un ambiente festivo llenaba la calle, entre vítores para los novios, me detuve a disfrutarlo unos minutos, más con el pretexto de descolgarme por fin la mochila del hombro. Caminé unos metros más y casi sin darme cuenta ¡por fin! Ahí estaba. Entré decidida tan sólo para encontrarme con una sorpresa: ¡pero por supuesto! No podía ser de otra forma: Había un evento privado y la cantina estaba cerrada al público en general. ¡Chale! pinche Murphy, nomás no me deja en paz. Comencé a caminar sin rumbo fijo, maldiciendo mi suerte por lo bajo, pero riéndome abiertamente por mi infortunio. El hambre ya se hacía presente desde hacía rato y ahora mis tripas comenzaban una sinfonía difícil de disimular. Las ganas de una chela helada me hacían babear cual perro frente a la chuleta. Y así, mientras seguía caminando, surgió ante mí de repente como un oasis en medio del desierto, cómoda terraza con mesas plegadizas de Tecate, música de rock sonando al interior, mesas de billar que invitan a la reta; el olor a comida me hace sentarme sin pensarlo. Y ahora, en este momento sentada frente a una chabela de cerveza de barril oscura y una enorme chapata de jamón de pavo no puedo más que disfrutar de la tarde. Dentro de un rato empezaré a preocuparme por cómo voy a regresar a casa, pero por lo pronto disfrutaré de la buena comida y bebida que la casualidad hoy me trajo

martes, noviembre 06, 2012

Viendo sin abrir los ojos

A veces no puedo dormir durante el trayecto de Toluca a Santa Fé, así que me arrellano lo más cómodamente posible en la nada confortable butaca del transporte y cerrando los ojos, me pongo a ver y redescubrir con el olfato todo lo que me rodea. Me doy cuenta cuando pasamos por el otrora bello río Lerma que ahora mece suavemente montañas de desechos industriales porque un aroma fétido alcanza mi nariz; se me revuelve el estómago, no sólo de asco, o si, pero asco también por la impunidad, la corrupción, la irresponsabilidad que ese vertedero representa. Avanzamos más y alguien a mi lado comienza a pelar una mandarina, delicioso y fresco aroma. La percibo jugosa, carnosa, deliciosa, casi veo como mi compañero intenta hacerse de una servilleta para recoger el jugo que comienza a resbalar por sus manos. De repente, empiezo a sentir más frío, las capas y capas de ropa no amortiguan nada el clima invernal. Huelo, veo entonces sin abrir los ojos la bruma, el cielo gris, los árboles comenzando a pintarse de otoño, el pasto que comienza a secarse. El olor a pino que viéndolo sin ver, inmediatamente me remite al enorme pino navideño en casa de mis abuelos donde pasamos tantas noches en Navidad, sentadas junto a la chimenea. Comienzan las curvas, quiere decir que estamos cerca de llegar a la caseta, disminuimos la velocidad y avanzamos a vuelta de rueda, ni siquiera así abro los ojos. Me siento tan bien. Seguimos avanzando, recuperamos velocidad y tímidamente un rayo de sol asoma entre los nubarrones para darme de lleno en la cara, una sonrisa termina de encender mi rostro y me dejo reconfortar por esa breve calidez. Casi hemos llegado. El ruido de los autos pasando a toda velocidad, las bocinas sonando intermitentemente, encabronadamente salvajes, anunciando que alguien intenta abrirse paso sobre los otros, que a su vez, intentan lo mismo. Frenamos y avanzamos lentamente, se oye una mentada de madre a lo lejos. Alguien cruza temerariamente la avenida, lo sé porque nuestro chofer exclama sin ninguna emoción “serás pendejo, ¡apúrale!” Puedo incluso, oler el smog. ¡Qué lejos han quedado ya los pinos, con su invitación a chocolate calentito, a tamales verdes, a quesadillas de queso en la Marquesa, a la placidez y ligereza de una vida relajada! Añoro esa armonía que ofrece el bosque justo a la mitad de mi camino diario, y quisiera perderme ahí, pero esta vez, con los ojos abiertos. Llegamos.

sábado, octubre 06, 2012

Panza llena, corazón contento

La comida, con sus sabores, sus aromas, sus condimentos, especias y mezclas tan autóctonas, nos define, dándonos una sensación de pertenencia y de arraigo. Cuando estamos lejos de casa, basta con recordar un platillo para inmediatamente remitirnos con un ánimo regionalista (o nacionalista según sea el caso) no sólo al sabor mismo, sino, y sobre todo, a nuestra casa, a nuestra gente. (¿Y después de todo que es nuestra casa si no nuestra gente?) Después de meses de estar lejos de la tierra que me vio crecer me reencontré al mismo tiempo y de la mejor manera con comida deliciosa y con amigos entrañables. ¿Lo primero que hice al llegar a tierras tapatías? Desplazarme a mi zona favorita en la ciudad, sintiéndome un poco traicionera de no llegar primero a otros tantos puntos que tanto extrañaba. Y tomé un café, que sin duda no era el mejor del mundo pero si el más rico justo en ese momento, mientras sentada en una terraza veía a la gente pasar, veía el paisaje que tenía al frente, y una lluvia de recuerdos nublaban mi mente (y mis ojos, he de decir) Cuando el hambre comenzó a hacerse presente con más insistencia, se apareció mi querido y autonombrado hermano mayor para compartir conmigo la segunda mejor carne en su jugo que probé (la primera sigue siendo la de mi mamá) Sentados a la mesa, le entramos con singular alegría al caldo de carne calentito, aderezado con cebolla, cilantro, limón, y acompañado de guacamole, quesadillas, los mejores frijoles refritos del mundo y también de animada charla y risas, que dieron paso a los tequilas y la crítica social cuando dilucidábamos sobre cómo cambiar al mundo.
Luego de ello, otro encuentro, acompañado de la cerveza más dulce y más amarga al mismo tiempo. Sin más que decir. La garganta y el ánimo estaban listos para una larga noche con las amigas ¡Ah! ¿Qué sería de nosotras, mujeres, sin las amigas? Risas, reclamos, chismes, muchas más risas, regaños y palabrotas que inundan el alma de una sensación de bienestar inquebrantable. La noche larga y el descanso poco, pero el buen ánimo seguía presente, así que impuntualmente pero feliz me enfilé la mañana siguiente a degustar el plato más representativo y que más añoraba de mi tierra: Una deliciosa y picosísima torta ahogada. Mi querido amigo me llevó a paladear esa suerte de inigualable birote salado, relleno de carnitas de cerdo, apenas una embarrada de frijoles, remojado en salsa de jitomate, coronado con cebolla desflemada, salpicado con harto limón y bañado además con una salsa picante que quema la lengua y espanta cualquier rastro de cruda y de tristeza.
Y después de eso nada mejor que ir juntos a visitar a otro amigo, para no hacer absolutamente nada, desparramados en la cama, viendo la tele sin ver nada, hablando de todo sin hablar de nada y sentir paz, a sabiendas de que se está ahí, sin nada que decir y diciendo todo. Pero como llegar sin avisar tiene sus implicaciones, había que acompañar al amigo a su cita con la estilista, y como yo no resisto la tentación de estar cerca de una experta en cambios de estilo, me sometí a las tijeras con un muy favorable resultado creo yo (eso de estar impedida para decir “sólo despúntalo” nunca me ha molestado) Y pasado eso y como nuestro apetito voraz siempre nos ha distinguido, nos fuimos rumbo al buffet de sushis, donde aún sin hambre, le entré con singular alegría a todo, mea culpa ¡Cuánto lo disfruté! Todavía quedaban algunos encuentros importantes, así que tuve que despedirme de los amigos para encontrarme con mi amiga de tantos años, tantos que mencionarlos sería evidenciarme, ¡Qué hermosas hijas tiene! ¿Cómo no había pasado más tiempo con ellas antes? No cabe duda que muchas veces damos las cosas por sentado… ¡Qué rico fue redescubrirnos ambas como mujeres plenas, mientras brindábamos con amaretto y café que sabían a gloria! Mi visita a Guadalajara no hubiera sido completa de no haber estado esa noche en Paseo Chapultepec, con mi querido amigo, mi eterno amor platónico, disfrutando de ver a la gente asombrarse con su maravilloso arte. Y luego de ello ¿Por qué no? Más chelas, más risas, más recuerdos en compañía. Esa noche tocaba quedarme con mi gran amiga desde la secundaria ¡Y pensar que nos caíamos de lo más mal en algún momento! Su hija más pequeña me cedió su cuarto y dormí entre cobijas de princesas sintiéndome yo misma una de ellas. A la mañana siguiente y haciendo un gran esfuerzo, me levanté para ir con toda la familia al tianguis del sol. ¡No podía irme sin mi dosis de masa frita rellena una de hongos otra de chicharrón! Yo estaba absorta en mi quesadilla frita, haciendo malabares para no salpicarme del aceite que escurría, mientras le ponía unas cuantas cucharadas de salsa roja picantita, encima de la crema y queso, que a su vez iban sobre una bien condimentada salsita verde, de fondo sonaba música en random de los mejores éxitos de la banda y mi amiga se peleaba con sus tres retoños que no querían terminar su comida. Al final resulté ganando pues gracias a la inapetencia del hijito mayor probé también un poquito de lonche de pierna ¡Qué descaro el mío!
Había que cerrar el deleite culinario de la mejor manera y nada como una fresca nieve de garrafa con mi admirable y grande amiga, en una tranquila tarde en la glorieta Chapalita, lugar de expositores locales de arte que rodeados de árboles, jardines y música tradicional inundan la zona de un ambiente festivo y fresa-queriendo ser bohemio ¡Qué rica me supo esa nieve de vainilla y café, que de haberse presentado de otro modo no hubiera tenido ese sabor tan memorable! Siempre he creído que los amigos son la familia que elegimos y a pesar de las distancias, de las diferencias, del camino que cada uno ha elegido, al final los corazones y los ánimos llenos de buena vibra, el saber que están ahí, que siempre nos acompañan, es lo que nos empuja a seguir hacia delante. Nunca antes mejor aplicado ese refrán que dice “Panza llena, corazón contento”

domingo, agosto 19, 2012

De pendejadas y otras cosas

Estas últimas semanas han sido tan extenuantes que hasta me siento rara estando aquí sentada frente a la computadora sin más que hacer que beber un café bien cargado y perder el tiempo en facebook. Luego pienso que en realidad sí tengo cosas que hacer y que por qué no avanzo tantito en los pendientes. Pero me contengo. No sólo pierdo el tiempo, quisiera concentrarme en hacer exclusivamente eso, pero inevitablemente tengo que quemarme la increíblemente superficial charla de las dos chicas sentadas al lado mío. ¡Qué feo hablan algunas mujeres! Me molesta mucho que incluyan términos escatológicos indiscriminadamente y que los aderecen con expresiones burdas y groserías sin ningún reparo. Y entonces me doy cuenta que a pesar de que evidentemente tienen dinero, no sólo por los accesorios y marcas que visten sino porque además lo presumen descaradamente - Guey, o sea, estuvimos en el vip en el concierto ¡obvio! hubieras ido, o sea, no mames, pisteé y obvio gratis, o sea peda gratis goooeei, los mejores vinos obvio - y que por consiguiente estudiaron en muy buenas escuelas, no tienen más que dos dedos de frente y no aprendieron a expresarse correctamente. Me dan ganas de levantarme y decirles -¡Ya! ¡Se dejan de pendejear y goeeiear la una a la otra por favor! ¡Me molestan! Siempre defenderé el uso de las groserías cuando estas merecen aplicarse, cuando no hay ninguna otra palabra o expresión que pueda sustituir el sentimiento que sólo puede desentrañar un ¡Me lleva la chingada! por ejemplo. ¿O a ver, de verdad un ¡Me siento desbordado en mi frustración! produciría el mismo efecto? ¡Pues no! pero escupir palabrotas así nomás porque sí, sólo dice que este par tienen un vocabulario tan limitado que no pueden expresarse de una manera cuasi decente. En lugar de querer pararme a gritarles podría cambiarme de lugar y aprender a ser más tolerante. A veces me siento una ruquita amargada a la que todo le molesta. ¡Pero no! Me molesta la gente incorrecta, que no se expresa adecuadamente, me molesta la gente que.... Y bueno, había comenzado toda mi lista de cosas que me molestan en la gente y me di cuenta que es demasiado larga. ¡Chale! ¿Yo que culpa tengo que toda la demás gente esté mal y yo siempre esté bien?

domingo, julio 08, 2012

Visita surrealista al baño de mujeres

Sin saber muy bien por qué a mi, me pidieron que acompañara al baño a la esposa del compañero de mi amiga con quienes habíamos ido a tomar unas chelas el viernes por la noche. Supongo que al verla tambaleándose en su silla después de que se la pasaran las cucharadas y estando yo (peligrosamente) sentada junto a ella, me convertí en la mejor opción. Preguntándome todavía por qué no me había negado, la tomé del brazo y caminamos trastabillando por el angosto corredor hasta el toilette, mientras se quejaba amargamente de lo poco comprensivo que es su marido y disculpándose porque nunca en la vida se había puesto así. (He aprendido que generalmente esos "nuncas en la vida" suelen presentarse cada vez que hay bebidas alcohólicas presentes) Mientras ella devolvía la vida en el excusado, yo estaba pacientemente esperando, mirándome en el espejo y preguntándome esta vez qué carajos hacía ahí. De repente, salió una chica del baño contiguo y viéndome fijamente a los ojos, se echó a llorar "¿Por qué? ¿Por qué a mi?" Se lamentaba mientras yo trataba de adivinar cuál era el motivo de su incógnita y buscando la salida más cercana para emprender la huida tan pronto como fuera posible, pero lamentablemente no era opción porque la de las cucharadas seguía ahí, avocada a lo suyo. Traté de consolarla pero no hice más que provocar que me soltara toda la sopa y siguiera lamentándose: "Soy una basura, no valgo nada, ¿cómo fui tan pendeja?, no puedo olvidarlo, ¿por qué lo invite a venir?, yo quería verlo, quería verlo con la mujer por la que me cambió, ¡¿por qué ella y no yo?!, ¡tenía que decirle que viniera con ella! ¡tenía que humillarme más! soy una basura, no valgo nada...." Y así, ad infinitum. Y entonces le solté una perorata echando mano de mis conocimientos y habilidades como psicóloga y cuando eso no funcionó del todo, contraataqué con filosofía barata tipo "por qué los hombres aman a las cabronas" y le expliqué todo lo que una mujer con autoestima cero necesita saber para empezar a valorarse a sí misma, así, con peras y manzanas. Y dejó de llorar, se sobrepuso, me agradeció hasta que se cansó y se fue. Durante todo este tiempo, que de verdad, no fue poco, la otra rejija de su maíz, seguía en el baño, supongo que ya dormida, pero cuando le hablaba, me contestaba y volvía a su "asunto". Fue entonces cuando se oyó el ruido de una estrepitosa caída en un tercer baño. La señora del aseo del bar y yo nos miramos y corrimos a ver qué había pasado: Otra chica, ahogada de borracha, estaba tirada en el piso, abrazada a la taza, sin apenas poderse mover. Entre la señora y yo la levantamos y ya estaba ésta por despacharla fuera del baño, pero me dio pesar, así que negándome llevé a la chica hasta los lavabos, le eché agua en la cara, le refresqué la nuca, le acomodé el pelo y me aseguré de que se enjuagara la boca, le pregunté si sentía mejor hasta que obtuve una respuesta positiva. Sólo después de eso, entonces sí, la despaché fuera del baño donde ya la esperaba su galán, lo tomó del brazo pero inmediatamente se soltó, avanzó hacia mi y me dio un beso en el cachete “¡Muchas gracias!” me dijo y se fue. Toqué la puerta de mi borracha original, salió, comenzó a refrescarse mojándose la cara y mientras esto sucedía, una chica más, (si, otra, por si no hubiera sido suficiente) entró, se miró fijamente en el espejo y me preguntó “¿Estoy muy despeinada? Es que mis amigos me están molestando porque me dicen que por qué no me peino, pero no es que no quiera, es que no se me acomoda de ninguna manera” Le contesté que primero que nada, no hiciera caso a sus amigos, que como se peinara o si se veía bien era cosa que a ellos no les importaba y le pedí que se soltara el pelo. Luego de una evaluación rápida le dije que se lo atara nuevamente en una colita, le acomodé el fleco de una forma diferente y le dije que así estaba perfecta, mientras mi borracha original asentía y le echaba flores. Y antes de que saliera, como última recomendación le insistí en que no hiciera caso de sus amigos, que como ella estuviera a gusto, era lo importante “¡Si, los hombres son unos malditoooosh!” completó la otra. Por fin, después de un rato que me pareció eterno, regresamos a la mesa. No podía creer que nadie hubiera ido a buscarnos, el marido de aquella estaba igualmente entonado y seguro que ni cuenta se dio que su esposa estuvo ausente tanto tiempo. Después de un rato, se acercó la chica del mal de amores, me pidió que le vendiera un cigarro, le dije que se lo regalaba y que mantuviera el buen ánimo. Me agradeció nuevamente, me insistió en lo bien que le habían hecho mis palabras y me pidió mi teléfono. ¿Qué se hace en estos casos? He aprendido a batear hombres a quienes no tengo la menor intención de dar mi número telefónico y con quienes menos intención tengo de entablar una charla. ¿Pero en estos casos qué aplica? Le di mi número y al pronunciar cada dígito pensaba si no debería mejor inventarlo. Pero luego pensé que seguro al día siguiente ni siquiera se iba a acordar de dónde había sacado ese nombre y teléfono. Las risas y carrilla de la gente de mi mesa no se hicieron esperar. Yo la verdad es que también moría de risa por dentro por lo absurdo de toda la situación, me parecía de verdad surrealista, pero al mismo tiempo me daba tristeza y lástima darme cuenta de cómo tan fácilmente nos agredemos a nosotras mismas y llegamos a depender tanto de la validación de los otros (generalmente hombres) para sentirnos bien. Al mismo tiempo estaba molesta por ver invadido mi espacio vital y furiosa con toda la gente con la que había ido ese día al bar, si ni amigos míos eran y sin embargo, ahí estaba yo, en el baño de mujeres, resolviendo vidas ajenas.

lunes, mayo 28, 2012

De chelas en solitario y buen jazz de fondo

Recuerdo la primera vez que me decidí a entrar sola a un bar, contra todo lo que me habían enseñado y lo que había aprendido, decidí romper mis propios paradigmas y lo hice. Un sábado caluroso cualquiera paseando en Los Sapos y sintiendo una enorme satisfacción, una sensación de logro en cada trago que daba a esa cerveza helada. Y tampoco es que lo haga todo el tiempo porque siempre he creído que una buena bebida se disfruta mejor con buena compañía, pero decidí no limitarme a hacer cosas que quiero hacer por no tener a alguien que quiera acompañarme. Hoy, varios años después de esa primera ocasión y varias visitas en solitario a diferentes sitios que ofrecen bebidas espirituosas, estoy nuevamente sola en este bar motivada por la expectativa que me causa escuchar algo de buen jazz. Nadie pudo-quiso acompañarme y simplemente pensé que quería una cerveza y escuchar buena música. El concierto todavía no empieza, el lugar está semivacío y al parecer los únicos parroquianos son los cuates de los músicos. Pregunto cuánto falta para que empiece y es uno de los músicos el que se acerca para decirme que al baterista se le olvidó algo, que ya no tardan. Le sonrío tímidamente y se da la vuelta para seguir afinando su saxofón con ayuda del guitarrista. Hay algo que todavía no me he atrevido a hacer y es comenzar una conversación con gente que no conozco, me gustaría ser capaz de acercarme, saludar y conocer gente nueva, así nada más, embeberme en otras ideas, puntos de vista, reír un rato con desconocidos. No se por qué me fue más fácil beber sola en lugares públicos que interactuar con gente en lugares públicos. Será que tengo más experiencia en lo primero.

domingo, mayo 20, 2012

Toluca la Bella... Pffffft!

Tengo exactamente 2 meses 2 viviendo en Toluca. Toluca la bella para los oriundos, Toluca pinche pueblo feo para mi. De verdad, no sé de donde salió eso de “bella” cuando se trata de una ciudad meramente industrial, fría, sin vida. Es una ciudad donde a las 8 de la noche ya no hay más gente en la calle que aquellos que regresan cansados, vacíos, del trabajo. Los negocios cerraron, los cafés, bares, galerías, museos nunca han existido. No sé, habrá más de alguno supongo, pero yo todavía no los he conocido. La gente es exactamente igual que la ciudad: fea, fría, nunca te mira a los ojos ni te regala una sonrisa. A cualquier lado que volteo no veo más que fábricas, enormes industrias con chimeneas escupiendo humo todo el tiempo, volviendo a la ciudad todavía más gris y triste. En cada esquina hay perros callejeros, rebuscando algo en cualquier basurero, perros flacos, medio muertos de hambre. Después de pasar un par de semanas en un hotel encontré un apartamento bastante cómodo para mi sola, es pequeño y bien ubicado, pero muy poco iluminado. Eso me deprime, lo único que me consuela es que desde la ventana del comedor puedo ver los volcanes. Imponentes el Iztacíhuatl y el Popocatepetl se yerguen viendo a la ciudad desde lejos, desde muy lejos. A veces nos guiñan el ojo y se asoman desde ciertos puntos, cuando las nubes o el humo de las fábricas no los cubren del todo, pero desde mi ventanita puedo verlos casi todo el tiempo. Pegadito a Toluca está Metepec, pueblito mágico que se enorgullece de sus maravillosos árboles de la vida. He ido un par de veces y lo encuentro bastante pintoresco con sus callecitas de pueblo llenas de comercios, bazares y galerías, sus iglesias barrocas y enormes, variedad en cafecitos, bares, restaurantes. Se siente un espíritu diferente ahí, se disfruta. Lo mejor de Toluca es Santa Fé, dicen por ahí, y es porque tan solo estamos a cuarenta minutos de distancia. Esa es la razón por la cual yo vivo en Toluca, y sin conocer la ciudad amarré un contrato de arrendamiento por un año. Ahora cuento los días para que termine y así poder mudarme al Defectuoso. No es solo el contrato, debo conocer la ciudad capital primero, tener más pericia al volante, dejar de parecer turista cada vez que estoy allá, achilangarme un poquito pues. Mientras eso sucede trataré de encontrar (debe tenerlo en algún lado) el lado bello de Toluca la bella.

viernes, febrero 17, 2012

Nunca digas de esa agua no beberé

Hasta hace unas semanas cuando me encontraba con amigos o conocidos que por alguna razón se habían ido a vivir al DF yo les preguntaba abiertamente (si había confianza) o pensaba para mis adentros (si no había tanta) ¿Cómo puedes vivir allá? ¡Yo nunca podría hacerlo!
Mis motivos eran claros: La ciudad enajena e impide que cualquiera pueda tener mediana calidad de vida; los trayectos son increíblemente largos, no tanto en distancia sino en tiempo y pierdes horas y horas y horas atascado en el tráfico.
Sin embargo, es una ciudad que me intriga y fascina y me parece la más surrealista del mundo. Tampoco es que conozca muchas ciudades del mundo, pues, pero a mi así me lo parece.
Hasta hace unas semanas yo estaba feliz en mi confort de tener un trabajo estable, un departamento con montón de problemas pero que está bien ubicado, un novio al que adoro y buenos amigos.
Pero siempre he buscado el desarrollo profesional y alguna vez se lo dije a mi jefa. Hace unas semanas me dieron la noticia de que el pez por la boca muere: o sease que me hicieron caso.
Y me ofrecieron un muy buen crecimiento laboral y económico, trabajando en otras áreas y colaborando con grupos diferentes de gente. El puesto es en la Ciudad de México.
No voy a decir que di mi respuesta sin pensarlo porque la verdad es que tuve que pensarlo más de dos veces, pero al final dije que sí. Mexicalpán de las Garnachas. Híjole, como dice el refrán, nunca digas de esa agua no beberé. Me muero de miedo pero también de emoción, tengo nervios mezclados con ansias de ya estar allá, estoy sumamente contenta pero también ya empiezo a pensar con nostalgia (tan ricos los tacos de pastor de la esquina y va a pasar un rato antes de volverlos a probar)
Tengo que estar allá la primera semana de abril, así que tengo lo que resta de febrero y todo marzo para hacerme a la idea, empacar mis cosas personales y deshacerme de muebles y enseres y recuerdos. Cual Diógenes: Me voy a empezar de cero, ya iré adquiriendo cosas poco a poco.
Además de cosas iré adquiriendo la virtud de la "adaptabilidad" ¿Será que lo consiga?
Ya lo veremos.

jueves, enero 26, 2012

Telmex y el absurdo de su servicio

Resulta que la línea telefónica de la oficina de repente deja de funcionar. Descuelgas la bocina y nada, vacío.
¿Qué haces? Vas a la sucursal de Telmex más cercana, donde después de formarte por un buen rato te dicen que gracias a su tecnología avanzada tienes que evitarte el trato con un humano y dirigirte con una máquina, ubicada a un lado de las cajas, para tu mayor conveniencia.
Insistes en hablar con una persona, ya sabes, uno que es de la old school, pero no te dan opciones, hablas con la máquina o no te resolverán tu problema.
Intentas comunicarte por el celular, todavía frente a la cajera de sonrisa forzada que te mira con impaciencia, tratando de hacerle entender que ya lo intentaste antes y que la máquina no quiso atender tu solicitud, estúpida máquina, hasta ella está entrenada para dar un mal servicio.
La voz robotizada al otro lado de la línea te pide que ingreses el número telefónico, digitas rápidamente y ¡Pum! La llamada se corta.
Sin borrar la sonrisa forzada, la señorita de la caja te pide que intentes nuevamente… fuera de la fila y llama a la persona detrás de ti.
Regresas a la oficina y marcas nuevamente al 050 desde otro teléfono celular que para tu desgracia tiene número de Michoacán.
- Hola, quiero reportar mi línea
- Sí, me indica el número telefónico.
Le indico el número telefónico. Me pide que se lo repita tres veces más, hasta que dándose por vencida me pregunta que de donde es mi número. Le digo que de Guadalajara y me contesta que no puede ayudarme porque las llamadas están sectorizadas y se canalizan al lugar al que pertenece la línea de donde se originó la llamada.
Trato de razonar con ella pero es imposible: Yo lo único que quería era que me explicara cómo podía hacer para reportar la línea que está fallando, si dicha línea no da tono y por tanto no era posible hacer ninguna llamada telefónica desde ahí y que esa era la razón por la que accedía al teléfono que tenía a mano, intentando hacer el reporte y que ella no sólo no generaba ningún reporte, sino que se empeñaba en establecer su localización geográfica:
- No puedo ayudarla porque estoy en Michoacán, la llamada es de un número de Michoacán y el teléfono que reporta está en Jalisco.
- Señorita – Pregunté con el último resquicio de paciencia que conservaba ante el casi inevitable brote psicótico - ¿Se da cuenta usted de lo absurdo que resulta lo que usted me está diciendo?
Y se daba cuenta, no lo negó. Pero parece que en Telmex hay una simbiosis entre máquinas y humanos en que debes dirigirte incuestionablemente a las primeras y cuando por casualidad tratas con los segundos, resulta que sus respuestas son todavía más automatizadas que las de las máquinas.
Dándose cuenta de mi tono frustrado y exasperado (qué describo más diplomático de lo que realmente fue) me ofrece una opción: Puede ingresar el reporte en su sistema, mismo que canalizará el 01 de febrero, porque es a final de mes cuando canalizan los reportes de otros sectores, antes no.
- No, no me sirve esa respuesta. No podemos esperar hasta el 01 de febrero.
- Le recomiendo entonces que vaya a un teléfono público de Telmex (¡¿Se atrevió a recalcar que de Telmex?!) dentro de Jalisco y desde ahí genere su reporte.
Y despidiéndose muy amablemente, colgó el teléfono.

viernes, octubre 14, 2011

¡Vivan los Panamericanos! ¿O no? ¡No!

Tengo sentimientos encontrados respecto a esta justa deportiva. Hay tantas situaciones ambivalentes alrededor de los juegos que no puedo evitar tener una mezcla de entusiasmo cuasidesbordante con amarga indignación. Desilusionada me hallo, vaya.
Todo comenzó hace más o menos cuatro años, cuando “compraron” (lo digo entre comillas porque la palabra debería ser: desalojaron o amedrentaron o amenazaron o desprestigiaron o enemistaron a los vecinos, etc) las casas del Parque Morelos. ¿Y qué pasó? Ya que habían conseguido los terrenos, los dejaron abandonados que porque siempre no.
Ahora la Villa Panamericana (después de que el gobierno del estado destinó recursos públicos de partidas originalmente otorgadas para pago de jubilaciones y vivienda popular) se encuentra en un terreno pegadito a La Primavera. Y por esta cercanía, son varios los expertos en el tema quienes aseguran que con la construcción de la Villa se comprometían mantos acuíferos y no era una propuesta viable porque además amenazaba la flora y fauna del lugar.
He leído un sinnúmero de notas acerca de los reclamos y dimes y diretes entre políticos, (ese grupo de gentecita que busca ganar favores para quedarse el mejor hueso y repartirse el botín más grande) aventándose la bolita cuando son cuestionados por algo, o levantándose el cuello cuando en lugar de reclamo reciben alguna felicitación (no deben desaprovechar esa extrañísima ocasión).
He leído y escuchado de cifras groseras de lo que se gasta, de lo que (no) se transparenta, de lo que se esconde. Tanto dinero mal aprovechado.
Obras construidas al vapor, nomás pa’ que se vea bonito. Casas pintadas de blanco. Casas pintadas de blanco que no cuentan con alumbrado público o drenaje o servicios sanitarios, pero para los que lleguen al aeropuerto y entran a la ciudad de Guadalajara serán un montón de casitas pintorescas como si de un apacible pueblito se tratara.
Quisiera sentir pura emoción, orgullo, entusiasmo. Quisiera haber participado activamente, quisiera haber comprado boletos para asistir a un montón de eventos. Pero me parecía hipócrita porque es indignante, desmoralizante, que meses antes de los Juegos se haga una “limpieza social” en las calles de la ciudad para retirar homosexuales, trabajadores sexuales, vendedores ambulantes, personas en situación de calle, invidentes.
¡Hipócritas! Toda esta gente pidió ayuda y todo este tiempo se la negaron, pudieron aprovechar la ocasión para de veras hacer algo, para escucharlos, para ayudarlos, pero el gobierno prefirió esconderlos a todos.
Creo que la situación que más me da tristeza es la de los indígenas Wixarikas. Alzaron la voz, le pidieron al gobierno que los tomara en cuenta, que era un foro sensacional para mostrar su cultura, sus artesanías, su pueblo. ¿Y el gobierno que hizo? No sólo no los oyó, sino que tomó uno de sus símbolos más sagrados y lo mutiló convirtiéndolo en Huichi, una de las mascotas oficiales (marca registrada, prohibida su reproducción, etc, etc…) que en su frente lleva otro símbolo: El ojo de Dios.
¡Hipócritas! Los retiraron de las calles, no les dieron el foro pero sí, en cambio, les robaron una de sus más preciadas deidades y la ridiculizaron caricaturizándola en un simpático y pestañudo venadito.
Comenzó a circular la imagen de una igualmente caricaturizada virgencita de Zapopan, como si fuera una mascota más, la bautizaron con el nombre de Zapopis. ¡Zapopis! ¿Qué hubieran dicho entonces los más fervorosos creyentes? ¡Ya me imagino al Cavernal! ¡Jesús nos libre! ¿Por qué son menos los indígenas Wixarikas que reclaman lo que les pertenece por derecho?
A ratos me llega el entusiasmo, ¡Quisiera ver la inauguración de los juegos! ¡Ver los eventos más relevantes, reconocer y emocionarme con nuestros atletas! Y es que, yo no estoy en contra de los Juegos, porque la justa deportiva es promotora de valores sumamente positivos, ¿Y qué me dicen de conocer gente de otros países? ¿De la convivencia? ¿Del sentimiento festivo? ¿Los colores, la música, la diversión? Los Juegos promueven a Guadalajara en el exterior de muchas maneras, la derrama económica será importante y existirán un montón de bondades mas que seguramente ahora mi enojo no me deja ver.
Insisto: Yo no estoy en contra de los Juegos Panamericanos. Estoy en contra de los que aprovechan la ocasión para llenarse hasta el cansancio los bolsillos, como cerdos trogloditas a los que no les importa nada más. Cerdos trogloditas y ciegos, para quienes no existe nadie más que ellos. Cerdos trogloditas ciegos e hipócritas, que quieren mostrar al mundo una ciudad que sólo existe en los delirios de su mente loca (Manuel Acuña dixit).
Me encantaría sumarme a la parte de los que están felices con que seamos los anfitriones orgullosos de esta edición de los Juegos Panamericanos, pero desafortunadamente formo parte del grupo de los inconformes. Que pocos, tampoco somos.

sábado, julio 02, 2011

Bajo la tormenta II

Alcancé a llegar a El Polo Norte, no, no me fui tan lejos, es una nevería antiquísima tapatía.
Como pude, llegué corriendo con el diminuto paraguas que amenazaba con romperse en cualquier momento, me resguardé bajo el rígido toldo iluminado mientras un torrencial aguacero se dejaba venir por la ciudad, después de unos minutos mejor me senté en una de las sillas de la entrada y pasados otros quince encendí un cigarro y pedí un café, por supuesto, en cuanto me llevaron mi humeante café negro (sin crema ni azúcar como debe ser) dejó de llover, claro, y yo tan resignada e instalada que estaba.
Decidí pedir mi café para llevar y aprovechar que había bajado la tormenta y entonces empecé a caminar sin rubmo fijo ¡carajo! ¿dónde pasa un camión que me deje por mi casa?
En esas estaba cuando de repente se abrió en el cielo una luz divina, se escuchó un coro angelical y un nunca antes tan deseado midibús de la ruta 640 se abrió paso entre los ríos que se formaban en las calles. Bien, ahora sólo falta averiguar dónde es la parada. Caminé hacia donde el sentido lógico me indicaba y ¡oh fortuna! estuve increíblemente en lo correcto.
Una vez en la parada me encontré con un dilema: tenía un paraguas en una mano, un café caliente en otra y hacía malabares con las dos para sostener mis moneditas justas para pagar el pasaje ¿cómo maniobraría para trepar hasta el chofer y pagarle y luego acomodarme en un asiento con el paraguas cerrado, sin monedas y todavía con el café en la mano? Ya que confío por sobre todas las cosas en mi torpeza sin igual, al final, cuando vi las potentes luces acercarse, me decidí a abandonar mi café, sólo, bajo la lluvia, lejos de un bote de basura, shame on me, mi seguridad y pronta escapada apremiaban.
Le dirigí una última mirada mientras subía al camión, el vasito humeaba un cálido vaporcito al contacto con las gotas de lluvia, apenas podía sostenerse por el viento, pero estaba bien acomodado sobre una bardita. De repente me dio un terrible sentimiento de tristeza y no volví a mirar.
Me acomodé en el asiento y limpié el vaho con la manga de mi chamarra mientras observaba las luces de las calles entre las gotas pegadas al vidrio.

miércoles, enero 26, 2011

Puente Atarantado

El 29 de Enero se inaugura oficialmente el puente atirantado “Matute Remus” y para conmemorar un mastodonte arquitectónico que nadie quería, que no desahoga la circulación y que solo hincha los bolsillos de unos cuantos, no se les ocurre otra cosa que invertir un millón de pesos más de los aproximadamente 500 millones de pesos presupuestados originalmente para el puente, en llevar a cabo un concierto masivo bajo el slogan de “tú lo hiciste posible”
Ciertamente yo lo hice posible, así como otros millones de tapatíos, con los impuestos que quincena tras quincena me dejan desplumada y contando los centavos remanentes para subsistir.
Me parece una verdadera mentada de madre el que presuman de su puente por todo lo alto cuando la respuesta sustentada con estudios de impacto ambiental y vehicular no está en vías de alta velocidad que sólo generan una altísima contaminación, tráfico, ruido, pérdida de tiempo, estrés, disminución de una adecuada calidad ambiental y de vida…¡No! La respuesta está en las ciclovías, en las verdaderas reformas al transporte público en lugar de seguir alimentando y solventando a las mafias del transporte público, La solución debería dirigirse a brindar alternativas factibles, seguras y accesibles a los vehículos automotores, que cada vez hacen más difícil vivir en esta otrora ciudad de las rosas.
El tránsito en toda el área donde se construye el puente se vio interrumpido durante meses generando una carga vehicular que se veía todavía más intensificada durante las horas pico, que en últimas fechas se extienden normalmente de las 7:00 horas a las 21:00 horas de manera ininterrumpida.
Se hizo una consulta ciudadana para elegir el color del puente ¡Elegir el color de un puente! Como si no existieran temas mucho más importantes de fondo. El gober no quería que pensáramos que si él proponía el amarillo era por sus intentos de alianzas con el PRD, no señor, es para que combine con los arcos del milenio, otra oda a la ineptitud y descaro.
No podía hacer nada más que expresar mi resistencia y negativa y enojo a cualquiera que me preguntara, pero ahora, aunado a esos sentimientos desgastantes, se suman también la frustración y decepción al enterarme de que bandas tan chingonas reconocidas como Sussie 4, Austin Tv y Bengala, con tal de forrarse con unos billetes extras, se vuelven partícipes de esta obra que, insisto, solo beneficia a unos cuantos.
¿Por qué el gobierno tiene que contratar cantantes y bandas para hacer proselitismo? ¿Ya no les basta con regalar despensas y regalar lonches en sus mítines? ¿Por qué los artistas se siguen prestando a ello?
Pero las preguntas que más me intrigan son: ¿Hasta cuándo vamos a seguir tolerando esto? ¿Qué tiene que pasar para que realmente nos unamos y mostremos nuestro disgusto general, nuestro rechazo a las malas prácticas, a los despilfarros, a los cinismos, a las construcciones a medias, a los problemas desatendidos, a las opiniones de todos y la acción de ninguno? ¡Ya basta!

miércoles, enero 12, 2011

¿Qué son catarsis?

Soy una persona excesivamente aprehensiva. No puedo evitarlo, lo intento, me convenzo de que al contrario, de que soy bien relajada, de que no me corre la vida, de que puedo disfrutar cada momento sin pensar en las consecuencias y me repito que no tengo por qué reprimirme o restringe o acongojarme por lo que pasa a mi alrededor. Y no me la creo. Nomás no funciona: a la primera de cambio regresa la colitis, gran compañera desde hace como 10 años. ¡Qué panza embarazadesca diosmío!
Pero ayer me superé a mí misma y conseguí llegar a otro nivel: desde que me desperté la mejilla derecha me comenzó a hormiguear intermitente e insistentemente ¡chale! Yo que soy todo menos paranoica e hipocondríaca de volada pensé era la inmitente parálisis facial o la embolia que se avecinaba. ¡Ay no, mi belleza sin igual desfigurada en un rictus de dolor!
La neta, la neta, me asusté un montón porque obviamente no me había quedado dormida sobre el escritorio para despertar con el teclado marcado y la cara dormida (bueno, el obviamente está demás, pero no pasó así, de veras) así que el constante hormigueo en el músculo facial no tenía una explicación lógica más allá del evidente estrés al que me autosometo. Yo me lo provoco, lo sé, estoy consciente de esto, si tomara las cosas de la vida con otra actitud (¡gooeiii si yo soy súper alivianada y positiva!) no me pasarían estas cosas, snif.
Necesito hacer catarsis y no tengo idea de cómo. He oido de algo que la gente llama ejercicio y dicen que tiene muchos beneficios, pero yo solo conozco personas lesionadas por practicarlo, así que no estoy muy segura.
¿Pintar, escribir, dibujar, bailar, gritar? ¡No sé! Necesito una recomendación concreta, sencilla y barata sobre cómo sacar mi estrés y relajarme más y dejar las broncas en donde pertenecen y ser feliz para siempre jamás. ¿Alguien conoce el secreto?

viernes, diciembre 10, 2010

¡No estoy borrassshaaa!

Todo el mundo tiene una anécdota de la posada pasada en que Jesús de Contabilidad se puso hasta las manitas y terminó bailando arriba de la mesa, con la corbata en la cabez. O de la fiesta de celebración de aniversario donde a Martita de recepción se le pasaron las cucharadas y terminó lléndose "a quién sabe donde" con Óscar, el chofer.
¿Pero y qué cuando eres tú el protagonista del anecdotazo?
Porque claro, siempre es alguien más, uno siempre es el elegante y discreto invitado que se comporta a la altura del evento, haciendo gala de distinción sin igual... pfffft! todo le pasa siempre al primo de un amigo.
Es obvio ¿Quién se atrevería a cargar el estigma empresarial de ser "el borrachazo de cantina del cubículo del rincón"? Tristemente, yo puedo decir que sí se siente bien regacho, snif.
Pero momento, en mi defensa debo decir que no se trataba de un evento oficial, no era ni posada ni cumpleaños ni festejo de nada, era una reunión completamente extraoficial, fuera de horarios de oficina, en un lugar completamente ajeno al trabajo, donde los shots de tequila alternados con cerveza Nochebuena me hicieron perder el piso completamente... y con el piso también perdí el estilo, la dignidad y la buena imagen que alguien pudiera tener de mi.
Lo triste es que la pachanga fue con colegas con quienes se pensaría que se está en un ambiente de confianza y sobre todo confidencialidad tratándose de integrantes del área de la compañía encargada de velar por las buenas relaciones, el respeto, el agradable clima laboral, la discreción, etc. Y que todo lo acaecido en aquel lugar permanecería exclusivamente en aquel lugar (como en Las Vegas por ejemplo) y no que tan solo unos días después alguien, completamente ajeno a la fiesta, al área, incluso a la ciudad donde todo se suscitó, preguntara como no queriendo "¿Qué güacareaste?" Con la pizca de dignidad que me quedaba, lo miré de la manera más altiva que pude y contesté con una seguridad que no había visto nunca en mi "¡Por supuesto que no!" (no enfrente de la gente al menos)
¿Y 'ora? ¿Cómo se quita uno esa terrible idea de borrachales en su otrora impecabilísima (bueno, ni tanto pues) imagen de persona decente? Lo dicho, es un estigma empresarial. Y los estigmas difícilmente se borran. Chale.


Moraleja: No confíen nunca en la gente de Recursos Humanos.

martes, noviembre 09, 2010

Iniciativa México

Cuando salió la convocatoria para participar en Iniciativa México tuve un (bastante inguenuo, pero honesto) sentimiento de ilusión. Pensé en cuántos nos estaríamos uniendo para realmente cambiar las cosas. Cambiar las cosas ni siquiera sé qué significa eso. En fin, que a mi, idealista irremediable, se hizo bien chingona la idea.
Y no supe más. Hasta hace unas semanas que encendí la televisión y me topé con un nuevo reality show, donde los participantes concursaban entre sí superando retos y librando obstáculos para seguir adelante en la carrera y llegar victoriosos a la meta de los no se cuántos millones de pesos. Y yo me pregunto ¿Iniciativa México estaba pensada desde un inicio como un reality show? ¿Desde el prinicipio los participantes sabían que si su propuesta era seleccionada se verían obligados a construir casas de adobe y llevar alimentos a zonas marginales para demostrar (?) que su propuesta era la mejor?
No entendí y me pareció indignante que algo que se presentó como la oportunidad de como ciudadano acceder a los medios de realizar una acció viable y sustentable para mejorar las condiciones de un país se convirtiera de pronto en un circo mediático donde representantes de una y otra televisora se peleaban el rating.
¿Y además tenemos que fletárnoslo en cadena nacional?
¡Qué pinche coraje!
Espero que los 50 ganadores tengan un seguimiento, presenten resultados, implementen sus propuestas y las comunidades se vean beneficiadas, después de todo, ¿ese era el objetivo de Iniciativa México? ¿O no?

viernes, octubre 29, 2010

No es lo mismo los tres mosqueteros...

...Que veinte años después. Triste pero cierto. Y me acuerdo de ese libro convertido a refrán de abuelita porque me siento como costal de box luego de una agotadora sesión de entrenamiento. Todo por beber como cosaco y fumar como chacuaco la noche de ayer.
Lo más pior es que ni siquiera andaba de fiesta loca, de bar en bar, moviendo el esqueleto, saturándome de bebidas multicolor, disfrutando de las mieles de la vida nocturna y etc, etc.
¡No! Estaba en mi depa con mis amigas, bebiendo cerveza yo y vodka ellas, contando los chismes más recientes que tristemente son todos referentes a la vida en feliz y sagrado matrimonio antes de o ya en.
O sease, todas son unas doñas hechas y derechas con flamante diamante en el dedo o con un pequeño regordete en el brazo. ¡Chale!
Y yo me sentí la más doña de todas hasta el día de hoy, que después de haber bebido no tantas cervezas como pude haber hecho, siento la cabeza pesada, los ojos entrecerradas, la cara hinchada, el cuerpo embotado y las ideas pegostiosas y sin forma se pierden entre los nulos intentos por hacer algo productivo en la chamba.
Últimamente me pesan demasiado las desveladas y ñoñeo demasiado al preferir ir al depa a "poner orden" y "descansar viendo tele" (por lo menos todavía no llego al extremo de ver telenovelas) en lugar de ir a bailar con los amigos. ¡Chale! Pero para eso son los viernes o sábados ¿no? ¿o será que soy demasiado cuadrada con mis horarios?